Piceda sobre la IA: “Estamos ante una revolución semejante a la industrial”

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El especialista en comunicación digital remarcó el salto vertiginoso en el uso de herramientas como ChatGPT y Gemini, advirtió sobre la falta de regulación frente a las grandes potencias y aseguró que adaptarse a este cambio de paradigma es clave para sostener la productividad cotidiana. El vertiginoso desarrollo de la tecnología y la irrupción masiva de herramientas digitales están transformando de manera directa el trabajo, los negocios y las relaciones sociales.

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En diálogo con el portal Debate Abierto, el diplomado en Social Media y Comunicaciones Digitales, Horacio Piceda, ofreció un diagnóstico profundo sobre el alcance de la Inteligencia Artificial (IA) en la vida cotidiana.

Piceda destacó que, tras la popularización de ChatGPT por parte de OpenAI a fines de 2022, el mundo registró un ritmo de adopción sin precedentes que alcanzó a más de 100 millones de usuarios activos en solo cuatro años. Este volumen representa la mitad de la audiencia de plataformas como Instagram o Facebook, las cuales requirieron entre 10 y 15 años de desarrollo para consolidar sus 3.000 millones de usuarios.

Guerra geopolítica de modelos y la paradoja del costo operativo
Al analizar la dinámica global, Piceda explicó que la expansión de la IA ha desatado una contienda estratégica entre las principales potencias, dividiendo el mercado entre los desarrollos del capitalismo occidental y las plataformas de origen chino. “No hay balas ni disparos, pero sí una parte estratégica de quién tiene la mejor inteligencia artificial”, remarcó el especialista.

En esa línea, reveló la asimetría económica de esta competencia: mientras las firmas estadounidenses invierten miles de millones de dólares en entrenar nuevos modelos de lenguaje, empresas chinas logran clonarlos a las 24 horas con inversiones de apenas 2.000 dólares.
Asimismo, Piceda subrayó que las principales firmas del sector operan actualmente a pérdida. Explicó que la tarifa promedio de 20 dólares mensuales que abonaba un usuario no alcanza para financiar el elevado costo de procesamiento de datos por cliente, el cual puede escalar hasta los 200 dólares.
Esta brecha de rentabilidad plantea interrogantes sobre la sostenibilidad económica del sector y empuja a las corporaciones a reclamar regulaciones frente al riesgo de robos o la clonación de códigos.

De la predicción matemática al impacto diario en la productividad
Para desmitificar temores sobre una autonomía descontrolada de los algoritmos, el especialista aclaró que los modelos actuales funcionan fundamentalmente como un “teclado predictivo” de alta velocidad y cálculo matemático preciso, careciendo de capacidad de razonamiento o sensibilidad propia. No obstante, enfatizó el profundo cambio que generó en la operatividad profesional: “Si hoy
me quitaran la inteligencia artificial, caería casi un 80% de productividad en mi día”, graficó a Debate Abierto.

 

Piceda ejemplificó esta aceleración al señalar que tareas que antes demandaban presupuestos elevados y semanas de trabajo -como la edición de sitios web, la redacción de guiones, la generación de audios o la producción de piezas de difusión- hoy se resuelven en minutos por montos mínimos. Sin embargo, advirtió sobre la necesidad indispensable de la supervisión humana para evitar imprecisiones o sesgos, así como la urgencia de establecer controles de seguridad
estatal para prevenir el uso de modelos en ciberdelitos, armas químicas o hackeos.
Escenario local y la certeza de una tecnología que no vuelve para atrás
En el plano regional, Piceda se refirió a las recientes jornadas sobre conocimiento e innovación desarrolladas en el Centro Provincial de Convenciones de Paraná
organizadas por la UIER.
El consultor describió que el ámbito empresarial local atraviesa un microclima de incertidumbre y adaptación rápida, donde conviven el entusiasmo por reducir costos de gestión y el temor a la fuga de datos confidenciales o ciberataques.
Finalmente, el experto comparó el momento actual con hitos claves como la Revolución Industrial, el desembarco de las computadoras personales en la década de 1990, la llegada de Internet y la masificación de los celulares.
“Ninguna de estas revoluciones fue para atrás; los que se adaptaron sobrevivieron y los que tardaron tuvieron que sufrir más”, concluyó Piceda, instando a los ciudadanos y empresas a capacitarse activamente para subirse a la ola tecnológica y no quedar al margen del nuevo paradigma productivo. (Fuente: Debate Abierto)

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