La nueva sociedad

Leido 9 veces

*Por Hugo Godoy

agn

No es nuevo que la sociedad argentina se autoflagele votando a alguien que sabe le va a ocasionar un daño. Lo que resulta novedoso es que no reaccione ante tanta injusticia. Uno no es sociólogo para comprender el razonamiento que deriva en este comportamiento, pero tenemos que agudizar los sentidos para entender por qué nos pasa esto.

Estoy convencido de lo que nos sucede, no es exclusivamente político, es decir: más allá de haber votado a un desquiciado y enfermo mental, como Javier Milei, más allá de formar parte de un orden mundial donde posicionan a gobiernos de derecha, hay algo más que cambió en nuestra sociedad… ¿qué es? ¿Cuándo se produjo el cimbronazo social y cultural?

Si bien asistimos a cambios propiciados por el avance tecnológico y por el capital que lo promociona, considero que en el mundo la “pandemia” produjo una aceleración social que posibilitó el avance de un nuevo pensamiento y, al mismo tiempo, ese pensamiento tuvo impacto sobre el comportamiento colectivo.

En nuestro país la “pandemia” nos mostró las dos caras de nuestra sociedad: la “solidaria” que tantas veces hemos visto, y la “mezquindad”, que por desgracia también ya la conocíamos. Sin embargo, en este escenario emergió un individualismo extremo que condujo a una parte importante de la sociedad a creer en el “Yo me puedo salvar solo”.

Así pasamos al acierto de conseguir las vacunas, al vacunatorio VIP, del “quedate en casa”, al festejo de cumpleaños, de aplaudir todas las noches a los trabajadores de la salud, a pedir que se vayan a vivir a otro lado por miedo al contagio. Es decir, comenzamos a preocuparnos y ocuparnos de lo individual dejando de lado lo colectivo.

Esta actitud de la sociedad se vio reflejada en lo político, la falta de respuesta a una sociedad que había cambiado generó un clima de cansancio, hartazgo y sobre todo falta de representatividad. En este contexto, escuchamos lo que necesitábamos oír y apareció un “loco” que desafió lo que hasta hacía un momento parecía institucionalmente correcto. Habló de “casta política” y al tiempo apareció con una motosierra en la mano prometiendo arrasar con “todos los males” de la sociedad.

Rompió con todos los moldes establecidos para una figura presidencial, y la nueva sociedad “compró” el combo completo, sin medir las consecuencias: déficit cero cueste lo que cueste, bajar la inflación, terminar con la corrupción, criminalizar la protesta, reforma laboral (para generar más trabajo), etc.

Esta sociedad creyó que el libre mercado iba permitir un crecimiento individual y que ahora, el individuo sería un verdadero emprendedor y dueño de su propio destino. Poco a poco se comenzó a dar cuenta que no ha sido más que una herramienta para romper con la conciencia nacional en defensa de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Cada promesa se fue cayendo, era casi obvio, y ahora la realidad golpea a todos los sectores. No son pocos lo que comienzan a caer en la cuenta de que cuando decían déficit cero era a costilla del sacrificio de los jubilados, de los discapacitados, de los trabajadores del Estado, de la educación, de la salud, de las pequeñas y medianas empresas.

Este gobierno, levantó su banderita moral contra la corrupción, pero el presidente y su hermana, el jefe de Gabinete y otros funcionarios, no escondieron el rol que ejercieron como facilitadores de negocios para “amigos” y socios del poder. No sólo no terminaron con la corrupción, sino que hicieron de ella una forma de gobierno. Hay desencantados, es cierto, pero hay algunos falsos optimistas que todavía creen que éste es el camino adecuado.

El libertario se jacta de haber bajado la inflación, pero la realidad demuestra que el costo de esa narrativa es la pulverización de los salarios, lo que impide que la gran mayoría de los trabajadores no lleguen a fin de mes. Por otro lado, sancionaron una reforma laboral que precariza aún más el poco empleo que hay, cabe señalar que existe cerca de un 50% de informalidad laboral, lo acaba de reconocer el propio ministro de Economía, Luis Caputo.

Sobre esta base criminalizaron la protesta social. Iniciaron causas judiciales contra las organizaciones sindicales y contra personas que se atrevieron a hacer algún tipo de reclamo en la calle. No hablar del aparato represivo que montaron. Para que todo esto se haga efectivo cuentan con la complicidad de una parte del sistema judicial.

En este escenario, no podemos dejar de pensar: ¿Qué nos pasó, como sociedad, para no reaccionar frente a semejante atropello? Es necesario aclarar que no se trata de hacer referencia a un acto antidemocrático o golpista (a la “derecha” siempre le gustó invertir los roles: pasar de victimario a víctima. Así, legitima tanto la violencia física como la económica y social).

No obstante, frente a este panorama, es trascendente tener en cuenta que para revertir este proceso se hace imprescindible creer en nosotros. Esto depende de nosotros mismos. Nos tenemos que volver a encontrar para pensar una salida que nos integre, que se referencie en un sistema que nos contenga a todos.

Por el contrario, no nos es útil el pensamiento del presidente de la Cámara de Comercio, Mario Grinman, que afirmó que el sacrificio de hoy va a servir para que nuestros nietos tengan un país mejor. Los nietos de este señor están bien ahora y, seguramente, tienen asegurado el futuro. Pero los nuestros no pueden esperar 20 años más. La mayoría de nuestra sociedad no tiene ese tiempo para esperar.

Es necesario recuperar el poder que como sociedad supimos tener. Es indispensable dejar el “yo” para volver al “nosotros”. Desde esa base construiremos la relación de fuerza necesaria para poder exigir, de manera determinante, que se dejen de cagar en el Pueblo.

Este reclamo incluye a la totalidad de partidos políticos y al conjunto de la dirigencia política. No es necesario que nos juntemos alrededor de una mesa para ver quién la tiene más larga. Lo que el Pueblo necesita es que nos digan qué es lo que van a hacer y cómo lo van a hacer para salir de esta trampa. Ya no tiene interés que nos cuenten lo malo que está haciendo este gobierno, porque somos nosotros los que lo estamos padeciendo.

Los verdaderos cambios los producen las sociedades que reconocen sus errores y falencias, pero tienen la fortaleza y valentía para revertir la historia.

*Secretario General del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento

Publicar un Comentario

Debes iniciar una sesión para escribir un comentario.