Walter Franzotti ya está ideando la construcción de su segundo avión

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A sus 43 años, este apasionado entrerriano cumplió el sueño de construir con sus propias manos una réplica biplaza de un icónico Piper PA-18. Tras cuatro años de arduo trabajo de construcción y otros cuatro disfrutando del vuelo recreativo, Franzotti analiza los costos de la aviación experimental y anticipa su próximo proyecto: fabricar un biplano romántico de cabina abierta. Lo manifestó en diálogo con el portal Debate Abierto.

AVIONETA

En la localidad de Estación El Palenque, en el departamento Paraná, la historia de Walter Franzotti resuena con fuerza a través de los medios de comunicación y de los aeroclubes de la región.

Propietario de un taller metalúrgico, Franzotti logró amalgamar su oficio profesional con una pasión que lo acompaña desde siempre: la aviación.

Lejos de conformarse con pilotar aeronaves de terceros, decidió encarar un reto personal sin precedentes: edificar su propio avión experimental.

Tras leer y estudiar minuciosamente los planos, le tomó cuatro años concretar la construcción física del aparato, el cual hoy ya cuenta con aproximadamente 200 horas de vuelo acumuladas en paseos de fin de semana y visitas a festivales aeronáuticos de la región.
La réplica de un clásico de Alaska y las ventajas del DIY

El avión en cuestión es una réplica exacta del Piper PA-18 Super Cub, un legendario monoplano de origen norteamericano que dejó de fabricarse de forma oficial a fines de 1980.
Se trata de un modelo sumamente popular en zonas como Alaska y el norte de Canadá debido a su asombrosa capacidad para transportar carga y realizar despegues y aterrizajes en distancias extremadamente cortas (tecnología STOL), incluso sobre montañas o rutas.

El avión de Franzotti es un biplaza que le pertenece al 100% y que guarda celosamente en un hangar compartido en el Aeroclub Paraná.
Aunque nunca llevó un registro financiero milimétrico de la inversión, el fabricante estima que el costo de los materiales y componentes (donde el motor representa, por lejos, el gasto más elevado) ronda los 15.000 dólares.

Una de las grandes ventajas de que la aeronave esté catalogada como experimental reside en el mantenimiento: la regulación permite que sea el propio dueño quien realice las inspecciones anuales o por horas de vuelo.
En su caso, realiza dos revisiones al año (de 15 a 20 horas de trabajo cada una) reemplazando piezas menores del motor como bujías, filtros y aceite.

Los costos de volar y la crisis de la aviación civil
A pesar de que ha recibido atractivas ofertas de compra por parte de empresarios e interesados en los encuentros de aviación, Franzotti tiene en claro que su labor es puramente recreativa.

“Todo lo que hago en la aviación lo hago como un hobby”, afirmó el piloto privado y remolcador de planeadores, quien ya suma 450 horas de vuelo totales en su haber.

No obstante, el cielo no está exento de nubarrones económicos. El constructor advierte que la aviación civil atraviesa un momento sumamente delicado, tanto en la Argentina como en el mundo.

“La fuerte devaluación y las dificultades cambiarias encarecen de sobremanera los repuestos del motor, que son todos de origen importado. A esto se le suma el elevadísimo costo del combustible de aviación, que actualmente se comercializa a $4.000 el litro”, reseñó a Debate Abierto.
Como su Piper consume unos 30 litros de nafta por hora, Franzotti debe desembolsar aproximadamente $120.000 en combustible por cada hora de vuelo.
A modo de comparación dentro de la actividad de los clubes, el piloto precisó que una hora de instrucción de vuelo se posiciona hoy en torno a los $300.000.

El próximo sueño: un biplano romántico
Sin intenciones de abandonar su taller metalúrgico ni de comercializar su creación a gran escala por el momento, Franzotti ya tiene la mente puesta en un nuevo reto que planea iniciar en un par de años, una vez que haya disfrutado un tiempo más de su actual Piper.
Su próximo objetivo es construir otro avión experimental, pero esta vez optará por un modelo biplano de estilo antiguo. Se trata de una aeronave clásica de dos alas superpuestas y cabina abierta, muy estética y habitual en las películas de época.
“Se dice que es un avión muy romántico para volar. Me gustan porque son aviones raros de los que ya no quedan muchos, y representa un hermoso desafío”, concluyó con entusiasmo el trabajador metalúrgico de El Palenque que aprendió a conquistar las nubes desde su propio taller. (Fuente: Debate Abierto)

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