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Hoy recordamos el día en que Evita cruzó el umbral y se volvió pueblo.

No se fue. Se quedó en cada casa humilde, en cada fábrica, en cada barrio donde alguien todavía cree que la dignidad no se negocia.
La recordamos por su amor al Pueblo. Por caminar sin custodia entre los menos favorecidos económicamente y escuchar de verdad. Evita entendió que la justicia empieza por lo concreto: un trabajo, una oportunidad, una mesa con comida.
Por eso repartió máquinas de coser. No era caridad. Era herramienta de trabajo y ascenso social. Era decirle a una mujer: “con esto sos independiente, podés vestir a tus hijos y construir tu propio futuro”. Era independencia con aguja e hilo.
Y también la recordamos en los gestos que se volvieron símbolo: el pan dulce y la sidra en cada Navidad. Porque no quería ver a un solo hogar trabajador sin celebración. Cercana, de guardapolvo y de pueblo, Evita eligió siempre estar del lado de los que laburan.
Ella misma lo dijo y sigue vigente:
“No habrá paz en el mundo hasta que no haya justicia social con los trabajadores”.
Hoy, a tantos años de su paso a la inmortalidad, su voz sigue intacta. Porque la envidia de los sapos no podrá tapar jamás el canto de los ruiseñores.
Evita vive en el pueblo.
Fuente: Oscar Barbieri, Sec. Gral SIPEDYB, Triunviro CGT Paraná
26 de julio: El paso a la inmortalidad de Evita
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Hoy recordamos el día en que Evita cruzó el umbral y se volvió pueblo.
No se fue. Se quedó en cada casa humilde, en cada fábrica, en cada barrio donde alguien todavía cree que la dignidad no se negocia.
La recordamos por su amor al Pueblo. Por caminar sin custodia entre los menos favorecidos económicamente y escuchar de verdad. Evita entendió que la justicia empieza por lo concreto: un trabajo, una oportunidad, una mesa con comida.
Por eso repartió máquinas de coser. No era caridad. Era herramienta de trabajo y ascenso social. Era decirle a una mujer: “con esto sos independiente, podés vestir a tus hijos y construir tu propio futuro”. Era independencia con aguja e hilo.
Y también la recordamos en los gestos que se volvieron símbolo: el pan dulce y la sidra en cada Navidad. Porque no quería ver a un solo hogar trabajador sin celebración. Cercana, de guardapolvo y de pueblo, Evita eligió siempre estar del lado de los que laburan.
Ella misma lo dijo y sigue vigente:
“No habrá paz en el mundo hasta que no haya justicia social con los trabajadores”.
Hoy, a tantos años de su paso a la inmortalidad, su voz sigue intacta. Porque la envidia de los sapos no podrá tapar jamás el canto de los ruiseñores.
Evita vive en el pueblo.
Fuente: Oscar Barbieri, Sec. Gral SIPEDYB, Triunviro CGT Paraná