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Hoy la memoria vuelve a latir con fuerza en cada rincón de nuestra patria. Recordamos a Eva Perón no como una figura lejana de la historia, sino como la voz que se alzó por los que no tenían voz y la mano que tendió abrigo donde solo había frío.

Evitó los discursos vacíos. Su vida fue acción, fue entrega sin medida, fue amor obstinado por su pueblo. En tiempos de indiferencia, ella eligió mirar a los ojos del trabajador, del niño, de la mujer olvidada. En tiempos de desprecio, ella respondió con dignidad y coraje.
No hay bronce que alcance para sostener su legado, porque Evita no vive en el mármol. Vive en la escuela que se abrió, en el hospital que se construyó, en el derecho que se conquistó, en la esperanza que aún arde en quienes creen que una Argentina más justa es posible.
Su fuego no se apaga. Se transmite. Pasa de generación en generación como un compromiso: el de no acostumbrarse a la injusticia y el de poner el corazón antes que el cálculo.
Gracias, Evita, por enseñarnos que la política sin pasión es administración, y que la patria sin pueblo es solo territorio. NO HABRA PAZ EN EL MUNDO HASTA QUE NO HAYA JUSTICIA SOCIAL PARA LOS TRABAJADORES Y JUBILADOS.
Fuente: Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento
Homenaje en Memoria a Evita la Abanderada de los Humildes
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Hoy la memoria vuelve a latir con fuerza en cada rincón de nuestra patria. Recordamos a Eva Perón no como una figura lejana de la historia, sino como la voz que se alzó por los que no tenían voz y la mano que tendió abrigo donde solo había frío.
Evitó los discursos vacíos. Su vida fue acción, fue entrega sin medida, fue amor obstinado por su pueblo. En tiempos de indiferencia, ella eligió mirar a los ojos del trabajador, del niño, de la mujer olvidada. En tiempos de desprecio, ella respondió con dignidad y coraje.
No hay bronce que alcance para sostener su legado, porque Evita no vive en el mármol. Vive en la escuela que se abrió, en el hospital que se construyó, en el derecho que se conquistó, en la esperanza que aún arde en quienes creen que una Argentina más justa es posible.
Su fuego no se apaga. Se transmite. Pasa de generación en generación como un compromiso: el de no acostumbrarse a la injusticia y el de poner el corazón antes que el cálculo.
Gracias, Evita, por enseñarnos que la política sin pasión es administración, y que la patria sin pueblo es solo territorio. NO HABRA PAZ EN EL MUNDO HASTA QUE NO HAYA JUSTICIA SOCIAL PARA LOS TRABAJADORES Y JUBILADOS.
Fuente: Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento