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Ante el optimismo oficial por las cifras del EMAE, la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) advierte que no existe “festejo” posible cuando se destruye el capital productivo del país.

Mientras el Gobierno celebra indicadores del 1,9% interanual en enero y 0,4 respecto de diciembre 2025, el entramado Mipyme —99% de las unidades productivas— sufre las consecuencias de un modelo desigual y perverso.
Para APYME, ese crecimiento relativo es un espejismo que lleva a un país desierto: se sostiene exclusivamente en sectores extractivos y financieros de escaso impacto en el empleo (agro, minería y finanzas).
En contraste, los motores de la economía real se desploman: la industria manufacturera cayó un 2,6% y el comercio un 3,2%. Respecto de 2023, la industria y la construcción ya redujeron su actividad en un 8% y 14%, respectivamente.
Este escenario, agravado por las importaciones irrestrictas, se traduce en un deterioro directo del trabajo y del mercado interno: la tasa de desempleo escaló al 7,5%, lo que representa un incremento de 271.000 personas desocupadas desde el inicio de la actual gestión. Las ventas en supermercados cayeron un 5,9% y en farmacias un 2,9% interanual, mientras que se registran cifras récord de mora en créditos familiares.
APYME observa que no estamos ante una “economía en dos velocidades”, sino ante una fenomenal transferencia de ingresos hacia los sectores exportadores concentrados, la especulación financiera y segmentos de consumo que no representan al conjunto de la población.
No hay “estabilidad” posible sobre un cementerio de Pymes ni sobre un consumo popular en ruinas, con salarios reales en caída y una inflación que lleva 9 meses en ascenso.
Desde APYME se exige un cambio urgente de rumbo. No es un logro de gestión festejar el desempeño de sectores primarios mientras se asfixia a quienes generan el 63% del empleo privado, se aniquila la industria y se destruyen los resortes del Estado nacional; es la ceguera de un modelo que deja afuera los intereses del país y a la mayor parte de sus habitantes, junto con las legítimas expectativas de desarrollo e inclusión social que no vamos a resignar.
Fuente: APYME
APYME: “No hay nada que festejar”
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Ante el optimismo oficial por las cifras del EMAE, la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) advierte que no existe “festejo” posible cuando se destruye el capital productivo del país.
Mientras el Gobierno celebra indicadores del 1,9% interanual en enero y 0,4 respecto de diciembre 2025, el entramado Mipyme —99% de las unidades productivas— sufre las consecuencias de un modelo desigual y perverso.
Para APYME, ese crecimiento relativo es un espejismo que lleva a un país desierto: se sostiene exclusivamente en sectores extractivos y financieros de escaso impacto en el empleo (agro, minería y finanzas).
En contraste, los motores de la economía real se desploman: la industria manufacturera cayó un 2,6% y el comercio un 3,2%. Respecto de 2023, la industria y la construcción ya redujeron su actividad en un 8% y 14%, respectivamente.
Este escenario, agravado por las importaciones irrestrictas, se traduce en un deterioro directo del trabajo y del mercado interno: la tasa de desempleo escaló al 7,5%, lo que representa un incremento de 271.000 personas desocupadas desde el inicio de la actual gestión. Las ventas en supermercados cayeron un 5,9% y en farmacias un 2,9% interanual, mientras que se registran cifras récord de mora en créditos familiares.
APYME observa que no estamos ante una “economía en dos velocidades”, sino ante una fenomenal transferencia de ingresos hacia los sectores exportadores concentrados, la especulación financiera y segmentos de consumo que no representan al conjunto de la población.
No hay “estabilidad” posible sobre un cementerio de Pymes ni sobre un consumo popular en ruinas, con salarios reales en caída y una inflación que lleva 9 meses en ascenso.
Desde APYME se exige un cambio urgente de rumbo. No es un logro de gestión festejar el desempeño de sectores primarios mientras se asfixia a quienes generan el 63% del empleo privado, se aniquila la industria y se destruyen los resortes del Estado nacional; es la ceguera de un modelo que deja afuera los intereses del país y a la mayor parte de sus habitantes, junto con las legítimas expectativas de desarrollo e inclusión social que no vamos a resignar.
Fuente: APYME