La interpelación y las miserias de la política

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*Por Enrique “Kike” Rios

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Frente al dolor de la muerte, entiendo la primera reacción debe ser la “la empatía”, ponerse en el lugar del otro, en él de los que sufren la pérdida de un ser querido, para después casi simultáneamente, reflexionar sobre los porqué que llevaron a tan terrible desenlace.

Pero cuando se invierte esta relación y en lo primero que se piensa es en la mezquindad solamente de intereses sectoriales, se cae en los más repudiable, que es la utilización del dolor ajeno en provecho propio.

Y peor aún cuando no se tiene la capacidad y la honestidad moral y política, para interpelarnos sobre nuestras propias responsabilidades, lo que hemos hecho o dejado de hacer para evitar que ésto suceda.

Claro que nos mortifica y nos pega fuerte, un nuevo femicidio en nuestra provincia, claro que levantamos la consigna de NI UNA MENOS, pero el dolor NO nos nubla la razón ni nos hace perder capacidad de análisis, al contrario estamos más atentos que nunca para identificar con claridad a cada uno de los actores sociales y políticos que levantan las banderas de la igualdad de género y la lucha contra la violencia, que recitan a viva voz consignas aprendidas de escucharlas, no de sostenerlas en la acción y el compromiso cotidiano.

Debemos aportar desde lo individual y lo colectivo, desde el hacer cotidiano, desde el lugar dónde nos toca estar, con amplitud y responsabilidad, la erradicación de la violencia de género no debe ser una mera disputa sectorial, debe ser un compromiso que nos una en la acción, que trascienda las identidades político partidarias.

Resulta bochornoso, repudiable, que hoy desde la Legislatura Provincial un sector de la oposición considere como la única medida ha tener en cuenta para atender esta situación sea un pedido de Interpelación a la Ministra de Gobierno, Rosario Romero.

Con sólo recordar que en el 2019 hubo 205 muertes en el país, y no se registra un sólo pedido de interpelación al Ministro del Interior ni a funcionarios del Ejecutivo Nacional.

La razón de ello es que la complejidad de la violencia de género, el patriarcado y con él la violencia machista, está arraigada en nuestra cultura, reproducida en nuestras prácticas y arraigada en nuestras instituciones, por lo cual debe ser abordada en forma integral con responsabilidad y seriedad, por respeto a las víctimas y el dolor de sus familiares, pero más aún, porque su erradicación debe ser el denominador común de todas las agendas políticas, no el de las maniobras arteras que sólo buscan el posicionamiento circunstancial, intrascendente y efímero.

Es por eso que la interpelación no sólo no tiene sentido, sino que conlleva a una forma de violencia institucionalizada contra una mujer, y lo pero aún con el aval de otras mujeres.

Pretender personalizar la responsabilidad, no sólo es un error, sino que es la maniobra perversa de quienes buscan un chivo expiatorio, frente a su propia incapacidad de aportar a la solución real de esta problemática y la necesidad política de un sector que prioriza la cuestión mediática por sobre los intereses de los ciudadanos.

La sociedad reclama de los políticos, más aún en estos momentos difíciles, que estén a la altura de las circunstancias. Pero parece que algunos no pueden o no quieren entenderlo así. Les preocupa más el posicionamiento mediático, que aportar a la solución de la problemática, en fin en los momentos de adversidad aflora lo mejor de los seres humanos, pero también lo peor de sus miserias.

Sin lugar a dudas será la ciudadanía, quien hará su propia interpretación, y les dará el lugar que les corresponde.

 

*Ex Concejal de la Ciudad de Paraná (PJ)