“Siempre me propuse trabajar con principios morales y con solidaridad”

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El contador Rubén Zapata pasó cuatro décadas actuando en su profesión, en la política local y provincial dentro del peronismo, en la función pública las veces que fue convocado, y como dirigente deportivo desde su querido Unión de Crespo. Repasó  variados aspectos de su biografía.

Rubén Zapata.

Rubén Zapata.

Comenzó recordando sus años de estudiante universitario. “Desde 1972, estábamos en una casa en Santa Fe, con Roberto ‘Puchi’ Krause, Daniel Paifer, Darío Caballero y Eduardo Ruda, estudiando en la Universidad Nacional del Litoral. Ruda en abogacía y el resto en Económicas. La carrera era de cuatro años y la hicimos en ese tiempo; yo estuve en Santa Fe desde 1972 a 1976 y me volví a trabajar debiendo una materia, Matemática Financiera, que aprobé en 1977. Tuvimos el primer estudio en calle 25 de Mayo, frente la Escuela Nº54 y al lado de la casa de Vignolo. Allí estuvimos unos diez años hasta que yo me pasé al estudio actual, en la esquina de San Martín y Belgrano, frente a Plaza Sarmiento”.

Trabajar de contador

– ¿Era fácil hacer clientela en esos años?

—  Muchas veces nos sentábamos en la puerta, esperando que llegue un cliente. Pero no había tanta competencia, había pocos estudios. Se iban generando comercios y empresas, por lo que a algún contador le iba a tocar tenerlos de clientes. Fue difícil, fundamentalmente estar actualizados, porque al no haber informática, tenías que valerte de los cuadernillos de novedades impositivas, o esperar las circulares de la DGI. Hoy, ha mejorado muchísimo, la fiscalización y los controles en los cruces de datos.

– ¿La esencia de la actividad del contador sigue siendo la misma?

—  Hoy el contador está más obligado a especializarse, en función de que los temas financieros antes era imposible que alguien viniera a preguntarte, por ejemplo, por valores o inversiones. Hoy tenés que estar conociendo y estar suscripto a informaciones sobre finanzas, para poder estar informado y saber el camino inmediato; no se puede errar con un mal asesoramiento. La especialización se impone a los contadores, en temas financieros, laborales, impositivos. Mi nieto, que está en el secundario, me dijo un día: ‘abuelo, no voy a estudiar Ciencias Económicas porque con los adelantos el contador va a desaparecer’. Y le dije ‘tengo miedo que pase eso’. Creo que la Facultad de Ciencias Económicas debe especializar más y sobre todo en manejo d einternet. Yo soy un burro en internet, estudié Procesamiento de Datos en la Facultad. Vi el procesamiento de las tarjetas de Prode (juego de pronósticos deportivos, N. de R.). Hoy los gurises no entienden si les hablás de procesamiento de datos.

Leer a Perón

– ¿De dónde sacó su veta política?

—  Fue por invitación de amigos, acá en Crespo, que se juntaban los sábados a la tarde a leer los libros de Perón. El que comandaba, un poco, era Humberto Paúl. Nos juntábamos en el viejo ‘Hotel Paul’ (actual sede de Hotel “El Águila”, en Moreno y Soñez, N. de R.) A los 18 años llegué a ser presidente de la Juventud Peronista local y andaba en toda la zona en materia de adoctrinamiento.

– ¿Quienes se juntaba a leer a Perón?

—  ‘Cachi’ Brambilla, ‘Duli’ Ebener, Oscar Paúl.

– ¿Militaba en Santa Fe en la facultad?

—  Me invitaron a participar pero no me sumé a militar en Santa Fe.

– Eran los comienzos de los setenta. Fue una etapa muy movida, le tocó también el golpe de Estado de 1976. ¿Cómo lo vivió? ¿Estuvo en listas negras?

—  Fue muy triste. Nunca nos molestaron al grupo que le mencioné. Pero, en una oportunidad, en Santa Fe, por Boulevard Gálvez Daniel Paifer y yo salimos a caminar un rato y a comprar caramelos, luego de estudiar. Nos paró la Policía sin documentos. Nos llevaron a la Comisaría Tercera a punta de pistola. Estábamos asustados, eran épocas muy difíciles. Nos retuvieron y a la media hora llegó el comisario nos largó, previamente nos mostró que sabía qué materias estábamos estudiando.

– ¿Estaban en el Proceso?

—  No, era la época previa, con López Rega; que fue muy peligrosa. En 1976 estaba acá.

– ¿En algún momento se relacionó con la JUP o Montoneros?

—  No, únicamente fui militante en Crespo. A Dios Gracias y a mi padre. Los sábados a la noche que volvía de Santa Fe a Crespo teníamos fuertes discusiones durante la cena con mi viejo por mi militancia y mi pensamiento. Él me hacía caer cualquier tipo de inquietud. Ya en 1975 hice desaparecer libros porque un allanamiento con esos libros te costaba la vida. Eran libros valiosísimos, que todavía me duele cuando me acuerdo. Hay un libro que leo siempre, “El hombre mediocre” de José Ingenieros. ¡Cuánto sirve para la reflexión! Lo leí como cinco veces. Plantearse en esta época que un gobernante debe ser honesto. Pero en realidad, para Ingenieros estaba implícito en el ser humano, no es ninguna virtud. Ser lo contrario es una malversación del carácter humano.

– ¿Qué hizo como funcionario?

— A los 32 años fui como síndico al Banco de Entre Ríos en la primera gestión de Jorge Busti. El primer trabajo que hice fue elevar una denuncia penal contra los directores del Banco de la época de Montiel. Conmigo estuvieron Jorge Salomón y Silvia D’Agostino. Siempre estuve en desacuerdo con la Justicia porque condenaron a los directores pero no a la parte privada que se favorecía.

– ¿Cómo eran las maniobras?

—  Estábamos con la inflación muy alta de la época de Alfonsín. Te deban un crédito por, por ejemplo, 3 millones de pesos. Compraban con un millón una propiedad sobrevaluada y resto lo ponían a trabajar. Para pagar, el banco aceptaba esos bienes. Así llegó a tener la desmotadora de Feliciano, la alcoholera de Victoria, la curtiembre de Diamante. El BER se quedó con esos bienes. La justicia condenó a los tres directores y no pudieron ser más funcionarios. Al principio esa denuncia no me la tomaban, estuve como un mes y medio dando vueltas hasta que el Fiscal de Estado, Raúl Barrandeguy, la elevó a la Justicia. Fueron 200 casos con irregularidades acumulados en la época de Montiel. Recibimos el banco quebrado y teníamos muchos controles desde el Banco Central. Ahí estuve dos años, luego fui secretario de Industria, Minería y Turismo. Moine me llamó durante su gobierno para hacer un estudio sobre la reforma del Estado que estaba realizando. Estaba auditando Educación y Justicia. Se iba mucha plata en esos lugares, especialmente en las departamentales de Educación. Hicimos un informe, pero vimos luego que no se tomaron medidas. En el tercer gobierno de Busti estuve en el Instituto del Seguro, donde pasé mi peor momento a nivel político y humano. El Instituto venía con muchas pérdidas, lo tratamos de llevar adelante. Como en cualquier compañía de seguros, en el IS no se pagan todos los siniestros, algunos se discuten en la Justicia. Si yo hubiese decidido que un solo estudio se hiciera cargo de los juicios hubiese tenido una utilidad del 20% a un sólo estudio. Yo lo repartía entre todos los estudios y eso molestó a cierta gente. A la sindicatura del SASFER (servicio fúnebre del IS, N. de R.) la hice elegir por el Consejo de Ciencias Económicas. Ahí fue que me echaron, en el 2004. Antes de irme, la Región Centro iba a contratar los seguros del IS. A partir de 2005 hubo un juicio en San Juan por irregularidades serias en esa provincia, yo ya no estaba. Inclusive el gerente fue denunciado. La primera vez que fui a ocupar un cargo, le dije a mi familia ‘si me ven aparecer con un BMW o comprando un campo, es porque estoy afanando; porque los sueldos de funcionarios son buenos, capaz que vamos a poder salir a pasear, pero no alcanzan para comprar muchas hectáreas’. Con el tema del IS sufrí mucho, tuve operaciones de prensa en El Diario. Agradezco que Daniel Enz publicó como venía la mano con los intereses creados que estaba tocando; también a Matteoda en LT14 y a los medios de Crespo que no ‘compraron’ la opereta que se había montado.(Fuente: Paralelo 32)