La campaña electoral de Argentina no le permite “razonabilidad”, dijo Mujica

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La decisión del presidente José Mujica de autorizar a la empresa UPM a producir 100.000 toneladas más de celula enfureció al gobierno argentino, que anunció que el diálogo “está roto”, llevará el caso a La Haya y divulgó un informe ambiental.

Mujica no le teme ir a La Haya

Mujica no le teme ir a La Haya

 En medio de gran expectativa y sabiendo las consecuencias que traería su decisión, Mujica anunció personalmente en su despacho del piso 11 de la Torre Ejecutiva que UPM podrá aumentar su producción en 100.000 toneladas de celulosa al año. No aceptó preguntas de los periodistas.

Serio y mirando sus apuntes manuscritos, Mujica explicó que “la función de gobernar a veces nos obliga a tomar decisiones dolorosas” y reconoció que su resolución probablemente cause “tensión, malentendidos, pero nadie va a separar de mi corazón el cariño y respeto que le tengo al pueblo argentino”.

“Nos hemos quedado en los hechos, sin espacio para poder negociar con respecto a la demanda que hace un par de años venía haciendo UPM para aumentar en un diez o veinte por ciento su producción”, dijo un Mujica que parecía apesadumbrado y que reconoció que su decisión era “inoportuna” por encontrarse Argentina en una etapa electoral.

Mujica enfatizó que la autorización a aumentar la producción de celulosa era provisoria, revocable y condicionada a la construcción de una torre de enfriamiento que llevara por debajo de los 30 grados la temperatura de los fluidos que produce la empresa. Pero eso no evitó que, apenas dos horas después de que hablara, el canciller argentino Héctor Timerman, flanqueado por el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, anunciara en Buenos Aires que su país volverá a La Haya y que consideraba roto el diálogo con Uruguay. Los militantes ambientalistas de Gualeguaychú ya mostraron su furia.

En términos diplomáticos, la réplica argentina fue muy dura y tensó al máximo la relación bilateral. Timerman dijo que la decisión uruguaya “viola la soberanía ambiental argentina” y lamentó que “los intereses de la empresa se convirtieron en factor determinante de la relación bilateral”. Anunció que el gobierno llevará el caso a La Haya.

 Sugestivamente, el canciller uruguayo, Luis Almagro, no acompañó a ayer a Mujica durante su anuncio. Almagro mantuvo el martes una larga y tensa reunión con Timerman en Buenos Aires que no logró desbloquear la situación y volvió pesimista de la capital argentina. El prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa, explicó a los periodistas que la ausencia se debía a que el anuncio refería a una decisión interna uruguaya por lo que no era necesaria la presencia del canciller. Cánepa y el secretario de la Presidencia, Homero Guerrero, acompañaron al presidente, sentados a su izquierda.

Mujica enfatizó que UPM presenta los mejores indicadores ambientales entre las empresas que fabrican celulosa a partir de eucaliptus y que deberá rebajar el contenido de fósforo de sus desechos que van al Río Uruguay. Y dejó entrever que no le inquieta volver a La Haya. “Tenemos que señalar que del punto de vista jurídico los procedimientos que se han aplicado para tomar estas decisiones son correctos, no merecen objeción, son defendibles y atendibles”, aseguró. La oposición salió a respaldar al presidente.

Mujica dijo entender que Argentina está en campaña electoral “y naturalmente el clima cuando existen elecciones, no es el más adecuado como para tener razonabilidad”.

“Muchas veces y en notoria soledad política he luchado por mantener la relación con la República Argentina, a veces contra viento y marea, porque me lo enseñó la historia nacional y americana y porque sé perfectamente que ello le conviene a mi pueblo trabajador”, sostuvo.

“Todavía puedo decir más, en el sentido histórico el pueblo argentino es también mi pueblo porque soy federal por concepción política y artiguista. Pero estoy en este país, tengo que ver las cosas con la óptica de los intereses de la gente que vive y trabaja en Uruguay”, explicó. Y aludió al “enorme valor de la cadena laboral que rodea todo esto” que “significa bienes y valores que dan de vivir a mucha gente”.

Mujica también dejó entrever que en el próximo período de gobierno se concretarán enormes inversiones en celulosa y biocombustibles cerca de la frontera con Brasil. Y esas inversiones “dependen de la seguridad que pueda percibir gente que está en bolsas lejanas que por ahí son las que toman las decisiones”.

Uruguay, agregó, ha logrado la creación de puestos de trabajo como consecuencia de la duplicación de los niveles de inversión.

Pareció apelar a la comprensión de Argentina, señalando que determinados desafíos en materia de inversiones son demasiado grandes para que Uruguay los afronte sin capital extranjero. “Es un desafío parecido a cuando la República Argentina apeló a explotar los yacimientos potenciales que tiene en Vaca Muerta y tuvo que acudir a empresas del exterior y naturalmente tienen sus prerrogativas. Seguramente la Argentina sola no podía. Nosotros tampoco podemos llevar solos, con nuestros recursos, estas cuestiones adelante”, agregó.

Todo lo ocurrido, dijo un Mujica sombrío, “me duele mucho”. Sin embargo, Mujica ya intuía este desenlace el lunes, antes de reunirse con la presidenta argentina, Cristina Fernández, en la inauguración de una embarcación de Buquebus.

En el Consejo de Ministros de ese día, Mujica anunció su decisión y dejó entrever que la consecuencia sería un nuevo litigio en La Haya y, eventualmente, nuevos cortes en el puente San Martín.

Lo ocurrido ayer demuestra que la larga y tensa reunión de unas cuatro horas que Almagro mantuvo con su colega de Argentina, en el piso 13 de la cancillería de ese país, nada solucionó. Almagro, a quien acompañaba la subsecretaria de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Raquel Lejtreger, se mostró convencido de que Uruguay saldrá airoso de un eventual nuevo laudo en La Haya y destacó la importancia para la economía uruguaya de la industria de la celulosa.

La tesis de Timerman era que la decisión de La Haya asumía una producción anual de un millón de toneladas y que Uruguay pretendía alterar ese tope, por lo que debía consultar y obtener la aprobación de Argentina para hacerlo. Según Argentina, Uruguay violó plazos que establece el Estatuto del Río Uruguay.

Dicha reunión fue la última bala de Mujica en el conflicto con Argentina. El resultado está a la vista. (Fuente: El País de Uruguay)