Perito balístico habló del gran poder del revólver de Molaro

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Daniel Vitali peritó las armas de fuego que tenía Adrián Molaro, entre ellas con la que asesinó a Alexis Céparo, una Magnum 44. Además declararon más testigos de la querella y la acción civil.

Daniel Vitali peritó las armas de fuego que tenía Adrián Molaro.

Daniel Vitali peritó las armas de fuego que tenía Adrián Molaro.

El juicio a Adrián Molaro por el asesinato de Alexis Céparo siguió con más testimoniales, la mayoría de ellas de vecinos, docentes y allegados a la víctima que dieron cuenta de su buena forma de ser. Además, el perito balístico Daniel Vitali explicó las características de las armas que tenía el acusado, entre ellas la que utilizó para ultimar al joven locutor y futbolista, una Magnum 44, con tres disparos.

Vitali afirmó que dicho revólver tiene un mayor poder de destrucción, y un gran poder de detención, por eso es muy buscada por cazadores para rematar a las presas peligrosas, a las que se puede disparar a no más de 10 metros, ya que a larga distancia no tiene precisión.

Se trata de un arma de guerra, por lo cual se necesitan ciertos requisitos para comprarla y la ley establece que solo se puede transportarla descargada. A su vez, la Magnum tiene mayor fuerza que la bala común y el cartucho de punta hueca se abre cuando impacta, y destruye más. El proyectil al abrirse produce más daño en su recorrido porque se fragmenta, explicó el perito. Sin balas, el revólver pesa alrededor de 1,3 kilogramos.

Vitali explicó que este revólver es un híbrido entre la 9 milímetros y la 11.25, que tiene poder de detención, un golpe de 50 kilos aproximadamente. El mismo se creó luego del ataque al presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, cuando con las pistolas 9 milímetros no lograron detener a los tiradores, por lo cual se decidió crear un arma que lograra ese objetivo, y que desde entonces fue utilizada por la “cultura represiva norteamericana”, explicó el especialista.

Más testimonios sobre la víctima
El exfutbolista Roberto Fálico dirigía el equipo de Primera División del Club Unión Agrarios de Cerrito, en el que jugaba Alexis Céparo, y declaró ayer como testigo. Afirmó que la víctima era un jugador extraordinario y que en la cancha siempre evitaba los roces que se podían producir entre las personas por el propio juego. “Buen jugador y mejor persona”, lo definió. En el mismo sentido declaró quien fue docente de Educación Física de Céparo y de Molaro, Mario Assad, quien lo recordó como “buena gente”, y afirmó que nunca vio problemas ni inconvenientes entre ambos. Y los mismo afirmaron dos jóvenes que compartieron con Alexis la escuela y el trabajo en la radio y como sonidista de eventos.

La docente de la escuela Secundaria de Cerrito Ángela Manzo dio clases de Matemática y Física al imputado y a la víctima, y marcó una clara postura a favor de Alexis, a quien caracterizó como “muy alegre, divertido, elegante con las chicas y simpático”, por lo cual tiene una hipótesis de lo que motivó el asesinato: la envidia y la codicia de parte de Molaro.

Además, sostuvo que ambos pertenecían a distintos grupos en la escuela, aunque no eran rivales, y negó que hayan existido episodios de violencia entre Alexis y Adrián.

“La muerte de un hijo rompe la continuidad generacional”

En la quinta jornada del juicio a Adrián Molaro, declararon las profesionales que peritaron a los padres de la víctima, Alexis Céparo, con el fin de determinar el daño moral que les ocasionó el hecho, y de este modo cuantificar el reclamo civil indemnizatorio que plantearán.

La licenciada en psicología María Victoria Aparicio contó que a los siete meses después del homicidio, realizó tres entrevistas a los padres de Alexis, Luis María Céparo y Sandra Mendoza, con técnicas proyectivas (gráficos)y psicométricas (cuestionarios); en tanto que la psicóloga y abogada Diana Floresta también practicó entrevistas y pruebas con los peritados, del que concluyó con un diagnóstico referencial. Pudo advertir un cuadro de “duelo detenido, prolongado, con mecanismos de defensa como la negación, por momentos aceptan esta realidad y aparece la angustia y el llanto, y por otra parte está alterada, escindida, no acepta la realidad”.

Además, explicó: “La muerte de un hijo rompe la continuidad generacional, porque los padres transmitimos a nuestros hijos nuestros deseos”, y afirmó que los padres tuvieron somatizaciones producto del sufrimiento.

Por otro lado, consultada por el abogado de la acción civil, Floresta explicó que los padres necesitan un tratamiento psicológico de al menos dos años de duración, con sesiones semanales, las cuales pueden tener un costo que oscila entre los 150 y 300 pesos.

Finalmente, interrogada por el abogado defensor, la perito de parte sostuvo que la presencia en el juicio de los padres “puede tener que ver con la búsqueda de sentido de lo que sucedió y la espera de justicia. Si le hace bien o no, diría que no, que es revivir el trauma, no es bueno”. (Fuente: Diario Uno)