Leido 10837 veces
*Por Sebastián Juan Aguilar

Como antaño, la Argentina desde el reingreso a la Democracia, se encamina hacia un nuevo test electoral solo que en este caso, con el surgimiento de nuevas generaciones, permiten plantearse resultados diferentes a los tradicionalmente observados. Tanto Peronistas como Radicales proyectaron modelos de país conforme a los tiempos y vaivenes políticos. Fue el Justicialismo el que siempre asumió los desafíos de los problemas más graves del país cuando opciones políticas alternativas se ofrecieron a la ciudadanía como reflejo de una Argentina distinta. Pero toda vez que ello sucedió, inmediatamente a una nueva gestión, sucumbió a las fuerzas sociales y políticas vigentes. Los ejemplos de la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín 1989 o, promediando, la debacle del Gobierno de De la Rúa en 2001, entre otros, representan la Argentina en la que crecimos los que estamos aproximándonos a los 50 años. Sin embargo, han sido las estructuras movimientistas las que fueron moldeando el sistema político, conforme a las realidades electorales.
El Justicialismo logró hasta ahora, arreglárselas. Pero el primer llamado de atención fueron las huestes del FREPASO encabezadas por los peronistas “Pilo” Bordón y “Chacho” Alvarez allá por el año 95. Llamado de atención que el Peronismo paso por alto dada la “bonanza” de entonces. Del lado opositor, el radicalismo, se fue diluyendo en diferentes opciones llegando a niveles prácticamente impensables de dominio territorial, considerando su estructura centenaria.
El acuerdo circunstancial entre el PRO y la UCR (Coalición Cívica) en el famoso encuentro de Gualeguaychu, donde un Ernesto Sanz criticado y atacado por los defensores doctrinarios de Alem e Yrigoyen en contra del Macrismo, le dio vida al alicaído Radicalismo. Pero el Justicialismo se enfrascó, porque la Argentina en crisis política, económica y social dejada por los aliancistas de ayer, macristas de hoy, requirió de una construcción de poder que no midió posiblemente algunas consecuencias: los dilemas del 22 de noviembre de 2015. La construcción de poder, primero de Néstor Kirchner y después de Cristina Fernández de Kirchner, fue importante hasta determinado momento. Hubo logros sociales importantes empero las generosas alas del Movimiento Nacional Justicialista le permitieron a ambos un manejo cuasi discrecional de los armados políticos y territoriales. Hasta el punto tal que en muchos actos ni la marcha peronista se solía cantar y en otros, se agregaban cánticos o estrofas que nada tienen que ver con el general Juan Domingo Perón y la compañera Eva Duarte de Perón. Pero como todo poder en la cúspide, quienes fueron advirtiendo ciertos desvíos ideológicos de la doctrina peronista por la llamada transversalidad, fueron corridos o se fueron antes de ello para buscar refugios, en algunos casos, individuales y, en otros casos, pensando en volver a plantear los debates como siempre se debieron dar, desde adentro del peronismo. Porque así es nuestra liturgia, nunca afuera siempre adentro. Pero esta vez la cuestión no es tan sencilla. Porque los Massa, los De la Sota, los Rodríguez Saa y otros armaron estructuras políticas que han comenzado a plantear un debate a partir de los cambios en la estructura social argentina que, paradójicamente, han visto todos (o casi todos) pero no los estrategas e iluminados del kirchenirsmo carentes, en ciertos casos, de ese olfato propio que tenemos los peronistas y, algunos peronistas que creyeron en la inconmensurabilidad de Néstor y Cristina. Pero ahora no debe haber reproches. La catarsis deberá hacerse después del 22 de noviembre se gane o se pierda. Nadie es dueño de los votos de nadie. Pensarlo así sería faltarle el respeto a la voluntad popular, a la inteligencia del ciudadano. Pero sí debemos ser claros que nos encontramos a las puertas de dos modelos de Argentina, la que encarna Daniel Scioli y la pensada por Mauricio Macri. Y digo pensada, porque los cantos de sirena son solo ello, te obnubilan pero cuando chocas con la realidad, ya es tarde. No podes volver atrás.
Los sectores medios le deben mucho a los gobiernos Peronistas, pensar que podrán ser como los Macri, los Michetti, los Rodriguez Larreta, es decir, con el glamour y beneficios de los sectores altos, confirmará no sólo la miopía sino el carácter bien acuñado del “medio pelo argentino”. Daniel Scioli sintetiza muchos de los cambios y mejoras que se deben introducir para fortalecer y profundizar los logros sociales ya realizado. Es la esencia del Peronismo la que vuelve a tomar la identidad y que nunca debió dejar de lado pero que ahora requiere de todos los compañeros y compañeras. Ya tendremos nuestros momentos y ámbitos para debatir lo ocurrido. Ahora tenemos que mostrar lo que nos enseñó nuestro único líder, el general Perón: que Todos Unidos Triunfaremos.
*Licenciado en Relaciones Internacionales – Magister en Ciencias Políticas – Doctor en Educación – Profesor universitario.
El Peronismo frente a los dilemas del 22 de noviembre
Leido 10837 veces
*Por Sebastián Juan Aguilar
Como antaño, la Argentina desde el reingreso a la Democracia, se encamina hacia un nuevo test electoral solo que en este caso, con el surgimiento de nuevas generaciones, permiten plantearse resultados diferentes a los tradicionalmente observados. Tanto Peronistas como Radicales proyectaron modelos de país conforme a los tiempos y vaivenes políticos. Fue el Justicialismo el que siempre asumió los desafíos de los problemas más graves del país cuando opciones políticas alternativas se ofrecieron a la ciudadanía como reflejo de una Argentina distinta. Pero toda vez que ello sucedió, inmediatamente a una nueva gestión, sucumbió a las fuerzas sociales y políticas vigentes. Los ejemplos de la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín 1989 o, promediando, la debacle del Gobierno de De la Rúa en 2001, entre otros, representan la Argentina en la que crecimos los que estamos aproximándonos a los 50 años. Sin embargo, han sido las estructuras movimientistas las que fueron moldeando el sistema político, conforme a las realidades electorales.
El Justicialismo logró hasta ahora, arreglárselas. Pero el primer llamado de atención fueron las huestes del FREPASO encabezadas por los peronistas “Pilo” Bordón y “Chacho” Alvarez allá por el año 95. Llamado de atención que el Peronismo paso por alto dada la “bonanza” de entonces. Del lado opositor, el radicalismo, se fue diluyendo en diferentes opciones llegando a niveles prácticamente impensables de dominio territorial, considerando su estructura centenaria.
El acuerdo circunstancial entre el PRO y la UCR (Coalición Cívica) en el famoso encuentro de Gualeguaychu, donde un Ernesto Sanz criticado y atacado por los defensores doctrinarios de Alem e Yrigoyen en contra del Macrismo, le dio vida al alicaído Radicalismo. Pero el Justicialismo se enfrascó, porque la Argentina en crisis política, económica y social dejada por los aliancistas de ayer, macristas de hoy, requirió de una construcción de poder que no midió posiblemente algunas consecuencias: los dilemas del 22 de noviembre de 2015. La construcción de poder, primero de Néstor Kirchner y después de Cristina Fernández de Kirchner, fue importante hasta determinado momento. Hubo logros sociales importantes empero las generosas alas del Movimiento Nacional Justicialista le permitieron a ambos un manejo cuasi discrecional de los armados políticos y territoriales. Hasta el punto tal que en muchos actos ni la marcha peronista se solía cantar y en otros, se agregaban cánticos o estrofas que nada tienen que ver con el general Juan Domingo Perón y la compañera Eva Duarte de Perón. Pero como todo poder en la cúspide, quienes fueron advirtiendo ciertos desvíos ideológicos de la doctrina peronista por la llamada transversalidad, fueron corridos o se fueron antes de ello para buscar refugios, en algunos casos, individuales y, en otros casos, pensando en volver a plantear los debates como siempre se debieron dar, desde adentro del peronismo. Porque así es nuestra liturgia, nunca afuera siempre adentro. Pero esta vez la cuestión no es tan sencilla. Porque los Massa, los De la Sota, los Rodríguez Saa y otros armaron estructuras políticas que han comenzado a plantear un debate a partir de los cambios en la estructura social argentina que, paradójicamente, han visto todos (o casi todos) pero no los estrategas e iluminados del kirchenirsmo carentes, en ciertos casos, de ese olfato propio que tenemos los peronistas y, algunos peronistas que creyeron en la inconmensurabilidad de Néstor y Cristina. Pero ahora no debe haber reproches. La catarsis deberá hacerse después del 22 de noviembre se gane o se pierda. Nadie es dueño de los votos de nadie. Pensarlo así sería faltarle el respeto a la voluntad popular, a la inteligencia del ciudadano. Pero sí debemos ser claros que nos encontramos a las puertas de dos modelos de Argentina, la que encarna Daniel Scioli y la pensada por Mauricio Macri. Y digo pensada, porque los cantos de sirena son solo ello, te obnubilan pero cuando chocas con la realidad, ya es tarde. No podes volver atrás.
Los sectores medios le deben mucho a los gobiernos Peronistas, pensar que podrán ser como los Macri, los Michetti, los Rodriguez Larreta, es decir, con el glamour y beneficios de los sectores altos, confirmará no sólo la miopía sino el carácter bien acuñado del “medio pelo argentino”. Daniel Scioli sintetiza muchos de los cambios y mejoras que se deben introducir para fortalecer y profundizar los logros sociales ya realizado. Es la esencia del Peronismo la que vuelve a tomar la identidad y que nunca debió dejar de lado pero que ahora requiere de todos los compañeros y compañeras. Ya tendremos nuestros momentos y ámbitos para debatir lo ocurrido. Ahora tenemos que mostrar lo que nos enseñó nuestro único líder, el general Perón: que Todos Unidos Triunfaremos.
*Licenciado en Relaciones Internacionales – Magister en Ciencias Políticas – Doctor en Educación – Profesor universitario.