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Se discute si le conviene a los precandidatos mostrar apoyos o esperar la decisión de Urribarri. Escasa presencia provincial en el acto del domingo.

Hay entusiasmo en el kirchnerismo por la convocatoria.
En general, la dirigencia política entrerriana espera que se defina la forma y la fecha de las elecciones en la provincia, lo que depende de una eventual reforma electoral.
Los dirigentes peronistas en particular cargan una dosis mayor de ansiedad, porque esperan además saber como Sergio Urribarri, el conductor del justicialismo provincial, va a definir la elección de los candidatos oficialistas o la manera en que se procederá para designarlos.
Básicamente hay dos ideas entre quienes aspiran a convertirse en el candidato oficialista. Salir a hacer campaña sumando adhesiones y mostrándolas, o apostar a una decisión de Urribarri que los favorezca.
No son necesariamente posturas contradictorias, porque el apoyo de intendentes, legisladores y dirigentes en general podría ayudar a apuntalar la idea de Urribarri sobre quienes son los mejores candidatos. Pero, también, podría tener un efecto negativo si el principal elector entendiera que se trata de una presión para que tome determinada decisión.
Siempre entendiendo que la frase “No me pidan que sea neutral” pronunciada por Urribarri el 15 de febrero implica que él va a designar a los candidatos. En general, podría decirse que el grueso de la dirigencia justicialista entiende que será así, que el gobernador formará la fórmula.
Claro que si el gobernador optara por impulsar dos o más fórmulas para competir en una interna, el panorama cambiaría sustancialmente, y en ese escenario serían de más utilidad los apoyos públicos.
Y si antes de eso, la ley electoral provincial se acompasara con las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), esos mismos dirigentes deberían pensar en una estrategia diferente porque el padrón de esa interna es potencialmente el mismo que para la elección general, y hay que pensar en comunicar las cosas de otra manera.
Hasta aquí, nada nuevo. Ningún elemento que no hubiera podido imaginarse hace un par de meses.
La primera postura es la que parece tener más asidero entre varios de los precandidatos, que han salido a mostrarse y mostrar avales. El ministro de Gobierno, Adán Bahl, el intendente de Concordia, Gustavo Bordet, y su par de Gualeguaychú, Juan José Bahillo, adoptaron esa actitud.
Otros dirigentes ya estaban en campaña (Julio Solanas y Marcelo Bisogni), y algunos otros esperan con más cautela o prefieren hacer un aporte diferente. Esto último es el caso de los ministros de Comunicación y Cultura, Pedro Báez; y de Planificación, Juan Javier García, que se proponen darle algo de contenido político-ideológico a una campaña organizando una serie de reuniones de militancia, para sazonar un discurso que por ahora muestra poco más que elogios a Urribarri y promesas de continuidad.
Tal vez para matizar la espera, ayer el vicegobernador José Cáceres -anotado en la lista de los potenciales candidatos a vicegobernadores, reelección mediante- habló del aspecto menos cómodo de la campaña, agitando la idea de que Urribarri podría molestarse por quienes se “exceden” en su afán de mostrar apoyos.
“Se equivocan quienes van por el operativo clamor, no lo conocen a Urribarri. Todos acá hacen campaña con la espalda del Pato porque es el mayor elector de la provincia y esos deben dejar al gobernador que decida qué es más conveniente para el peronismo entrerriano. Porque respetamos su conducción y porque se destaca por su capacidad de armados electorales y porque su olfato político permanece intacto”.
La frase, cargada de posibles lecturas, pareció en principio dirigida a Bordet, Bahl y Bahillo; aunque con el primero de ellos Cáceres tiene una relación bastante aceitada. Claro que, aunque el vicegobernador hubiera tenido esa intención, no había forma de dejar al concordiense afuera del planteo.
Resumiendo, Cáceres dijo que es inútil el despliegue de reuniones y fotos porque será Sergio Olfato Intacto Urribarri quien tomará la decisión final.
Nada nuevo tampoco hasta aquí, incluso varios recordarán que el 13 de febrero Pedro Báez ya había dicho que sería Urribarri quien terminaría definiendo a los candidatos.
¿Qué hacer entonces? es la pregunta que los potenciales candidatos podrían formularse.
En este punto es oportuno señalar que la idea de que Urribarri tomaría una decisión solo en base a los parámetros que los dirigentes analizan en los medios es errónea. Como cualquier dirigente político sabe, existen otros elementos a considerar, de los que no hablan tal vez porque consideran inoportuno el momento. No hay que ser muy ingenioso para suponerlos, y tienen que ver por ejemplo en cómo el gobernador imagina la convivencia de su liderazgo, que excederá el 10 de diciembre con la figura de un nuevo jefe administrativo (con todo respeto por la figura del gobernador) y la generación de nuevos espacios políticos a partir de esta circunstancia.
Las posibilidades de análisis son variadas. Y es compleja la ingeniería electoral necesaria para sostener una supuesta bendición de Urribarri a Fulano o Mengano. Con la paciencia de un orfebre Urribarri deberá ocuparse de cerrar hacia abajo toda la trama de las candidaturas.
Por ahora, la decena dirigentes que tienen las mayores chances de estar en la fórmula oficialista parecen enfrascados en esto: si sirve o no mostrar apoyos, si suma o resta en la idea que tiene Urribarri de cómo se resolverá la situación. Coincide la mayoría en que no habrá margen para retobados una vez que Urribarri decida, pero el peronismo siempre puede dar alguna sorpresa.
Justamente, una de las ventajas para el oficialismo de un adelantamiento electoral en la provincia es que los que no sean elegidos no tendrían adónde ir a golpear la puerta para transformarse en candidato de otros dirigentes.
Concretamente, si Urribarri se decide por una fórmula integrada por los dirigentes A y B, el dirigente C no tiene muchas chances de pasarse al sciolismo, porque lógicamente el sector del gobernador bonaerense preferiría inmiscuirse y simplemente esperar a que se produzca una definición. Si finalmente Scioli fuera el candidato a presidente del oficialismo, solo tendría que levantar el teléfono para acordar con el ya electo gobernador entrerriano (si el oficialismo ganara las elecciones en la provincia, claro).
Este punto no es el que depara las mayores dudas, sino, como se dijo desde el principio, la fecha de las elecciones.
Para un gobernador como Urribarri, que ha dado muestras hasta el cansancio de su fe kirchnerista, y que además quiere ser el candidato presidencial del sector, es impensable decidir un adelantamiento electoral sin el acuerdo de la conducción nacional del kirchnerismo.
La explicación para esta eventual decisión ya se conoce: la posibilidad de mostrar un triunfo K en el medio de una seguidilla de elecciones en territorios adversos como Santa Fe o Capital Federal.
Lo que sucede es que los tiempos se acortan. Ese efecto beneficioso de incluir un triunfo oficialista entre un par de posibles derrotas debería definirse no más allá de mediados de la semana próxima, para el rápido tratamiento de una reforma a la ley electoral que habilite la convocatoria a internas en mayo y a elecciones generales en julio. La permanencia de Urribarri en Buenos Aires generó varias especulaciones en ese sentido.
Por lo pronto, lo que se sabe de la estadía del mandatario en Capital Federal es que comparte con el resto de la dirigencia kirchnerista la evaluación positiva de la convocatoria del fin de semana, en oportunidad del discurso de la presidenta Cristina Fernández. Pero también se sabe que la escasa presencia de militantes entrerrianos no pasó inadvertida para Urribarri y para quienes esperaban ver allí una muestra contundente de apoyo a su precandidatura presidencial. Al parecer, los intendentes, legisladores y funcionarios estuvieron más ocupados por las cuestiones de la interna provincial que por lo que tantas veces dijeron que era prioridad: el apoyo al gobierno de Cristina y la proyección nacional de Urribarri. (Fuente: Diario Uno – Carlos Matteoda)
Desde el Justicialismo creen que es inminente la definición de la fecha electoral
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Se discute si le conviene a los precandidatos mostrar apoyos o esperar la decisión de Urribarri. Escasa presencia provincial en el acto del domingo.
Hay entusiasmo en el kirchnerismo por la convocatoria.
En general, la dirigencia política entrerriana espera que se defina la forma y la fecha de las elecciones en la provincia, lo que depende de una eventual reforma electoral.
Los dirigentes peronistas en particular cargan una dosis mayor de ansiedad, porque esperan además saber como Sergio Urribarri, el conductor del justicialismo provincial, va a definir la elección de los candidatos oficialistas o la manera en que se procederá para designarlos.
Básicamente hay dos ideas entre quienes aspiran a convertirse en el candidato oficialista. Salir a hacer campaña sumando adhesiones y mostrándolas, o apostar a una decisión de Urribarri que los favorezca.
No son necesariamente posturas contradictorias, porque el apoyo de intendentes, legisladores y dirigentes en general podría ayudar a apuntalar la idea de Urribarri sobre quienes son los mejores candidatos. Pero, también, podría tener un efecto negativo si el principal elector entendiera que se trata de una presión para que tome determinada decisión.
Siempre entendiendo que la frase “No me pidan que sea neutral” pronunciada por Urribarri el 15 de febrero implica que él va a designar a los candidatos. En general, podría decirse que el grueso de la dirigencia justicialista entiende que será así, que el gobernador formará la fórmula.
Claro que si el gobernador optara por impulsar dos o más fórmulas para competir en una interna, el panorama cambiaría sustancialmente, y en ese escenario serían de más utilidad los apoyos públicos.
Y si antes de eso, la ley electoral provincial se acompasara con las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), esos mismos dirigentes deberían pensar en una estrategia diferente porque el padrón de esa interna es potencialmente el mismo que para la elección general, y hay que pensar en comunicar las cosas de otra manera.
Hasta aquí, nada nuevo. Ningún elemento que no hubiera podido imaginarse hace un par de meses.
La primera postura es la que parece tener más asidero entre varios de los precandidatos, que han salido a mostrarse y mostrar avales. El ministro de Gobierno, Adán Bahl, el intendente de Concordia, Gustavo Bordet, y su par de Gualeguaychú, Juan José Bahillo, adoptaron esa actitud.
Otros dirigentes ya estaban en campaña (Julio Solanas y Marcelo Bisogni), y algunos otros esperan con más cautela o prefieren hacer un aporte diferente. Esto último es el caso de los ministros de Comunicación y Cultura, Pedro Báez; y de Planificación, Juan Javier García, que se proponen darle algo de contenido político-ideológico a una campaña organizando una serie de reuniones de militancia, para sazonar un discurso que por ahora muestra poco más que elogios a Urribarri y promesas de continuidad.
Tal vez para matizar la espera, ayer el vicegobernador José Cáceres -anotado en la lista de los potenciales candidatos a vicegobernadores, reelección mediante- habló del aspecto menos cómodo de la campaña, agitando la idea de que Urribarri podría molestarse por quienes se “exceden” en su afán de mostrar apoyos.
“Se equivocan quienes van por el operativo clamor, no lo conocen a Urribarri. Todos acá hacen campaña con la espalda del Pato porque es el mayor elector de la provincia y esos deben dejar al gobernador que decida qué es más conveniente para el peronismo entrerriano. Porque respetamos su conducción y porque se destaca por su capacidad de armados electorales y porque su olfato político permanece intacto”.
La frase, cargada de posibles lecturas, pareció en principio dirigida a Bordet, Bahl y Bahillo; aunque con el primero de ellos Cáceres tiene una relación bastante aceitada. Claro que, aunque el vicegobernador hubiera tenido esa intención, no había forma de dejar al concordiense afuera del planteo.
Resumiendo, Cáceres dijo que es inútil el despliegue de reuniones y fotos porque será Sergio Olfato Intacto Urribarri quien tomará la decisión final.
Nada nuevo tampoco hasta aquí, incluso varios recordarán que el 13 de febrero Pedro Báez ya había dicho que sería Urribarri quien terminaría definiendo a los candidatos.
¿Qué hacer entonces? es la pregunta que los potenciales candidatos podrían formularse.
En este punto es oportuno señalar que la idea de que Urribarri tomaría una decisión solo en base a los parámetros que los dirigentes analizan en los medios es errónea. Como cualquier dirigente político sabe, existen otros elementos a considerar, de los que no hablan tal vez porque consideran inoportuno el momento. No hay que ser muy ingenioso para suponerlos, y tienen que ver por ejemplo en cómo el gobernador imagina la convivencia de su liderazgo, que excederá el 10 de diciembre con la figura de un nuevo jefe administrativo (con todo respeto por la figura del gobernador) y la generación de nuevos espacios políticos a partir de esta circunstancia.
Las posibilidades de análisis son variadas. Y es compleja la ingeniería electoral necesaria para sostener una supuesta bendición de Urribarri a Fulano o Mengano. Con la paciencia de un orfebre Urribarri deberá ocuparse de cerrar hacia abajo toda la trama de las candidaturas.
Por ahora, la decena dirigentes que tienen las mayores chances de estar en la fórmula oficialista parecen enfrascados en esto: si sirve o no mostrar apoyos, si suma o resta en la idea que tiene Urribarri de cómo se resolverá la situación. Coincide la mayoría en que no habrá margen para retobados una vez que Urribarri decida, pero el peronismo siempre puede dar alguna sorpresa.
Justamente, una de las ventajas para el oficialismo de un adelantamiento electoral en la provincia es que los que no sean elegidos no tendrían adónde ir a golpear la puerta para transformarse en candidato de otros dirigentes.
Concretamente, si Urribarri se decide por una fórmula integrada por los dirigentes A y B, el dirigente C no tiene muchas chances de pasarse al sciolismo, porque lógicamente el sector del gobernador bonaerense preferiría inmiscuirse y simplemente esperar a que se produzca una definición. Si finalmente Scioli fuera el candidato a presidente del oficialismo, solo tendría que levantar el teléfono para acordar con el ya electo gobernador entrerriano (si el oficialismo ganara las elecciones en la provincia, claro).
Este punto no es el que depara las mayores dudas, sino, como se dijo desde el principio, la fecha de las elecciones.
Para un gobernador como Urribarri, que ha dado muestras hasta el cansancio de su fe kirchnerista, y que además quiere ser el candidato presidencial del sector, es impensable decidir un adelantamiento electoral sin el acuerdo de la conducción nacional del kirchnerismo.
La explicación para esta eventual decisión ya se conoce: la posibilidad de mostrar un triunfo K en el medio de una seguidilla de elecciones en territorios adversos como Santa Fe o Capital Federal.
Lo que sucede es que los tiempos se acortan. Ese efecto beneficioso de incluir un triunfo oficialista entre un par de posibles derrotas debería definirse no más allá de mediados de la semana próxima, para el rápido tratamiento de una reforma a la ley electoral que habilite la convocatoria a internas en mayo y a elecciones generales en julio. La permanencia de Urribarri en Buenos Aires generó varias especulaciones en ese sentido.
Por lo pronto, lo que se sabe de la estadía del mandatario en Capital Federal es que comparte con el resto de la dirigencia kirchnerista la evaluación positiva de la convocatoria del fin de semana, en oportunidad del discurso de la presidenta Cristina Fernández. Pero también se sabe que la escasa presencia de militantes entrerrianos no pasó inadvertida para Urribarri y para quienes esperaban ver allí una muestra contundente de apoyo a su precandidatura presidencial. Al parecer, los intendentes, legisladores y funcionarios estuvieron más ocupados por las cuestiones de la interna provincial que por lo que tantas veces dijeron que era prioridad: el apoyo al gobierno de Cristina y la proyección nacional de Urribarri. (Fuente: Diario Uno – Carlos Matteoda)