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La Escuela Normal Rural Nº 8 Almafuerte parece ser el lugar ideal para estudiar en un día soleado. En medio de una reserva natural, el canto de los pájaros domina el paisaje sonoro de un fondo visual de intenso celeste y verde. Cerca del edificio, un grupo de chicos se sienta en ronda de mates a un costado de la canchita de fútbol; dentro del establecimiento, se desarrollan diversas actividades en el marco de unas jornadas de concientización ambiental.

En la panadería Nuestra Señora de la Siembra, de la Escuela Rural Almafuerte, chicos y chicas del tercer año aprenden parte del oficio.
Apacible mañana de otoño a 22 kilómetros de la ciudad de Paraná, poco antes de llegar a La Picada por la ruta 12. Por un lateral se entra a la panadería Nuestra Señora de la Siembra, en la que se encuentran en plena actividad el maestro Juan Bertolami, su auxiliar Fabián Arce, el peón-estudiante Tomás, la encargada del taller para alumnos Mónica Quiroz y unos cuantos chicos y chicas del tercer año, aprendiendo parte del oficio.
En los rincones se acumulan las bolsas de harina. La amplia mesa de trabajo se ubica en el centro de la habitación, y en una continua está el horno. Hay varias máquinas en el lugar: sobadora, amasadora, mezcladora, armadora de pan… “La mayoría de la producción es artesanal, pero los chicos aprenden a manejar las máquinas”, cuenta Mónica. Marcos, Gastón, Héctor, Lourdes, Valeria y Camila, vestidos con delantales y pañuelos rojos y negros se empeñan en la elaboración de alfajores de maicena. Tienen entre 14 y 15 años; algunos de ellos son residentes y otros llegan diariamente desde La Picada. Las tapas se distribuyen en la mesa, con un pomo repostero le van poniendo dulce de leche sin ser amarretes con el relleno, luego le pasan el coco del costado y los acomodan en las bandejas. Los alfajores rotos desaparecen rápidamente en los estómagos de los presentes. “Van a tener que llevar un poco para la Adela que ya no tiene para vender”, dice Silvana Spizzo, jefa de Industria. “Me gusta hacer de todo, mientras aprendamos”, comenta uno de los alumnos. “Lo más difícil es trabajar”, lo contradice su compañero. Una de las chicas afirma ya estar preparada para poder ocuparse en el rubro con lo que aprendieron ahí. En tercer año, los estudiantes pasan por los talleres de industria, una parte en el sector lácteo (donde hacen quesos y dulces) y la otra en panadería. A mitad de año intercambian talleres. “En verano es mejor estar en el sector lácteo –declara una de ellas– porque acá con el calor y los hornos es más difícil”. La producción de la panadería varía básicamente entre pan, pan con chicharrón, alfajores, pepitas, pastafloras, cremonas, bizcochuelos y tortas. Lo que elaboran lo comparten con sus compañeros, es para consumo interno en el comedor del colegio y también para la venta en la proveeduría.
Crisis y oportunidad. El proyecto surgió en el 2002, en plena crisis económica, cuando no contaban con presupuesto ni para comprar el pan para el comedor. La directora de entonces, Elena Margarita Kohner de Tomas, se enteró de que cerraba una panadería de Paraná y decidió adquirir los elementos para montar una propia en el colegio, con el objetivo de abastecer las necesidades del lugar. Detrás de la maquinaria, desde la ciudad llegó Juan montando su bicicleta. Él era empleado del negocio en quiebra y decidió seguir las herramientas de trabajo hacia su nuevo destino. Así se presentó y lo contrataron. Tres años y medio estuvo Juan haciendo el recorrido en bici desde Paraná, sin faltar ninguna madrugada. “Ahora vengo en motito”, aclara a sus 46 años, de los cuales 34 trabajó en esta actividad. En la radio suena música: “Somos románticos”, reconoce Fabián, el ayudante de 42 años que hace tres que trabaja en la panadería, y que también escribe poemas en sus ratos libres. Uno de ellos, dedicado a su padre, cuelga de una de las paredes del local, junto a fotos del papá, abuelo e hijos de Juan. Mónica, quien es personal del departamento de alumnado de la Almafuerte, se sumó al sector y una vez que aprendió el oficio decidieron comenzar con los talleres para alumnos.
Era el año 2008, y al principio estos talleres eran voluntarios, pero ante la gran demanda que fue teniendo por parte del alumnado, en 2013 decidieron agregarlo a la currícula obligatoria del ciclo básico, con dictado los martes y jueves. “Aprenden a pesar los materiales, las cuestiones de higiene, y cómo es todo el proceso de elaboración de los productos hasta el final del recorrido”, grafica Mónica. Además, la panadería forma parte de un proyecto de integración con la Escuela Tobar García (Escuela Especial Nº 3 de Paraná), con quienes se plantea un espacio de intercambio y juegos entre alumnos con las actividades de la panadería.
Terminaron la elaboración de alfajores. Ahora, los chicos cargan una bandeja hasta la proveeduría, en el costado opuesto del edificio, donde Adela y Guillermo venden los productos a través de una ventana. “Acá tenemos precios cuidados”, precisa Adela.
Tres pesos por alfajor, enseguida se acercan los estudiantes para comprar. “Los clientes son los profesores, alumnos y empleados del lugar. En menor medida, gente de afuera que viene de paso y sabe que acá se vende; también escuelas públicas de Paraná, y una vez por mes ponemos una mesa con productos en el Instituto del Seguro”. La proveeduría, abierta de lunes a viernes de 7 a 14, concentra toda la manufactura: quesos, dulces y panadería. Así mismo, tres veces por año realizan grandes ventas de pollos y lechones faenados. Es el momento en el que más se acerca la gente de la zona, especialmente para diciembre.
Patricia Cabrera, directora de la escuela, explica que son 210 alumnos en el nivel secundario, de los cuales 100 son residentes. Además, la escuela cuenta con 60 profesores quienes, sumados al personal administrativo, completan el consumo de lo producido. El desafío de la panadería propia consiguió sus objetivos en este lugar de enseñanza, ofreciendo, a su vez, varias delicias para paladares exquisitos.
La institución
El Parque Escolar Rural Enrique Berduc es un complejo de 600 hectáreas dependiente del Consejo General de Educación de Entre Ríos (CGE), ubicado en La Picada. Cuenta con tres establecimientos educativos: Escuela Normal Rural Nº 8 Almafuerte, Escuela Especial Nº 1 de Capacitación Laboral Zulema Embon y Escuela Primaria Nº 12 Dominguito. Conjuntamente, posee una reserva natural denominada Parque General San Martín. La Almafuerte depende de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), cuyo secretario de Escuelas es el licenciado Daniel Richard. Los talleres que se realizan allí se dictan en los distintos niveles del Ciclo Básico (1º, 2º y 3º año). Luego vendrá el Ciclo Orientado, con módulos específicos tanto para la Tecnicatura Agropecuaria (siete años en total), como para la de Humanidades (seis años de cursado). Los sectores didácticos productivos están divididos en tres: sector animal (cerdos, tambo, avicultura y apicultura); sector vegetal (forraje, huerta y vivero); y sector industrial (lácteo y panadería). (Fuente: El Diario)
Con el sudor de tu frente
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La Escuela Normal Rural Nº 8 Almafuerte parece ser el lugar ideal para estudiar en un día soleado. En medio de una reserva natural, el canto de los pájaros domina el paisaje sonoro de un fondo visual de intenso celeste y verde. Cerca del edificio, un grupo de chicos se sienta en ronda de mates a un costado de la canchita de fútbol; dentro del establecimiento, se desarrollan diversas actividades en el marco de unas jornadas de concientización ambiental.
En la panadería Nuestra Señora de la Siembra, de la Escuela Rural Almafuerte, chicos y chicas del tercer año aprenden parte del oficio.
Apacible mañana de otoño a 22 kilómetros de la ciudad de Paraná, poco antes de llegar a La Picada por la ruta 12. Por un lateral se entra a la panadería Nuestra Señora de la Siembra, en la que se encuentran en plena actividad el maestro Juan Bertolami, su auxiliar Fabián Arce, el peón-estudiante Tomás, la encargada del taller para alumnos Mónica Quiroz y unos cuantos chicos y chicas del tercer año, aprendiendo parte del oficio.
En los rincones se acumulan las bolsas de harina. La amplia mesa de trabajo se ubica en el centro de la habitación, y en una continua está el horno. Hay varias máquinas en el lugar: sobadora, amasadora, mezcladora, armadora de pan… “La mayoría de la producción es artesanal, pero los chicos aprenden a manejar las máquinas”, cuenta Mónica. Marcos, Gastón, Héctor, Lourdes, Valeria y Camila, vestidos con delantales y pañuelos rojos y negros se empeñan en la elaboración de alfajores de maicena. Tienen entre 14 y 15 años; algunos de ellos son residentes y otros llegan diariamente desde La Picada. Las tapas se distribuyen en la mesa, con un pomo repostero le van poniendo dulce de leche sin ser amarretes con el relleno, luego le pasan el coco del costado y los acomodan en las bandejas. Los alfajores rotos desaparecen rápidamente en los estómagos de los presentes. “Van a tener que llevar un poco para la Adela que ya no tiene para vender”, dice Silvana Spizzo, jefa de Industria. “Me gusta hacer de todo, mientras aprendamos”, comenta uno de los alumnos. “Lo más difícil es trabajar”, lo contradice su compañero. Una de las chicas afirma ya estar preparada para poder ocuparse en el rubro con lo que aprendieron ahí. En tercer año, los estudiantes pasan por los talleres de industria, una parte en el sector lácteo (donde hacen quesos y dulces) y la otra en panadería. A mitad de año intercambian talleres. “En verano es mejor estar en el sector lácteo –declara una de ellas– porque acá con el calor y los hornos es más difícil”. La producción de la panadería varía básicamente entre pan, pan con chicharrón, alfajores, pepitas, pastafloras, cremonas, bizcochuelos y tortas. Lo que elaboran lo comparten con sus compañeros, es para consumo interno en el comedor del colegio y también para la venta en la proveeduría.
Crisis y oportunidad. El proyecto surgió en el 2002, en plena crisis económica, cuando no contaban con presupuesto ni para comprar el pan para el comedor. La directora de entonces, Elena Margarita Kohner de Tomas, se enteró de que cerraba una panadería de Paraná y decidió adquirir los elementos para montar una propia en el colegio, con el objetivo de abastecer las necesidades del lugar. Detrás de la maquinaria, desde la ciudad llegó Juan montando su bicicleta. Él era empleado del negocio en quiebra y decidió seguir las herramientas de trabajo hacia su nuevo destino. Así se presentó y lo contrataron. Tres años y medio estuvo Juan haciendo el recorrido en bici desde Paraná, sin faltar ninguna madrugada. “Ahora vengo en motito”, aclara a sus 46 años, de los cuales 34 trabajó en esta actividad. En la radio suena música: “Somos románticos”, reconoce Fabián, el ayudante de 42 años que hace tres que trabaja en la panadería, y que también escribe poemas en sus ratos libres. Uno de ellos, dedicado a su padre, cuelga de una de las paredes del local, junto a fotos del papá, abuelo e hijos de Juan. Mónica, quien es personal del departamento de alumnado de la Almafuerte, se sumó al sector y una vez que aprendió el oficio decidieron comenzar con los talleres para alumnos.
Era el año 2008, y al principio estos talleres eran voluntarios, pero ante la gran demanda que fue teniendo por parte del alumnado, en 2013 decidieron agregarlo a la currícula obligatoria del ciclo básico, con dictado los martes y jueves. “Aprenden a pesar los materiales, las cuestiones de higiene, y cómo es todo el proceso de elaboración de los productos hasta el final del recorrido”, grafica Mónica. Además, la panadería forma parte de un proyecto de integración con la Escuela Tobar García (Escuela Especial Nº 3 de Paraná), con quienes se plantea un espacio de intercambio y juegos entre alumnos con las actividades de la panadería.
Terminaron la elaboración de alfajores. Ahora, los chicos cargan una bandeja hasta la proveeduría, en el costado opuesto del edificio, donde Adela y Guillermo venden los productos a través de una ventana. “Acá tenemos precios cuidados”, precisa Adela.
Tres pesos por alfajor, enseguida se acercan los estudiantes para comprar. “Los clientes son los profesores, alumnos y empleados del lugar. En menor medida, gente de afuera que viene de paso y sabe que acá se vende; también escuelas públicas de Paraná, y una vez por mes ponemos una mesa con productos en el Instituto del Seguro”. La proveeduría, abierta de lunes a viernes de 7 a 14, concentra toda la manufactura: quesos, dulces y panadería. Así mismo, tres veces por año realizan grandes ventas de pollos y lechones faenados. Es el momento en el que más se acerca la gente de la zona, especialmente para diciembre.
Patricia Cabrera, directora de la escuela, explica que son 210 alumnos en el nivel secundario, de los cuales 100 son residentes. Además, la escuela cuenta con 60 profesores quienes, sumados al personal administrativo, completan el consumo de lo producido. El desafío de la panadería propia consiguió sus objetivos en este lugar de enseñanza, ofreciendo, a su vez, varias delicias para paladares exquisitos.
La institución
El Parque Escolar Rural Enrique Berduc es un complejo de 600 hectáreas dependiente del Consejo General de Educación de Entre Ríos (CGE), ubicado en La Picada. Cuenta con tres establecimientos educativos: Escuela Normal Rural Nº 8 Almafuerte, Escuela Especial Nº 1 de Capacitación Laboral Zulema Embon y Escuela Primaria Nº 12 Dominguito. Conjuntamente, posee una reserva natural denominada Parque General San Martín. La Almafuerte depende de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), cuyo secretario de Escuelas es el licenciado Daniel Richard. Los talleres que se realizan allí se dictan en los distintos niveles del Ciclo Básico (1º, 2º y 3º año). Luego vendrá el Ciclo Orientado, con módulos específicos tanto para la Tecnicatura Agropecuaria (siete años en total), como para la de Humanidades (seis años de cursado). Los sectores didácticos productivos están divididos en tres: sector animal (cerdos, tambo, avicultura y apicultura); sector vegetal (forraje, huerta y vivero); y sector industrial (lácteo y panadería). (Fuente: El Diario)