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Está empeñado en lograr un museo para poder exhibir fotos y objetos que reflejen la historia del pueblo. Ubaldo Pellarini repasa su vida en la que pasó por el oficio de albañil, el reparto de gas, la práctica de fútbol, el scoutismo, hasta que optó por la fotografía.

Pellarini se dedica a la fotografía desde hace más de 40 años.
Ubaldo Pellarini vive en la calle San Martín de San Benito. En el frente de su casa se lee el cartel de reparto de gas y también “Fotos Ubaldo. Foto carnet en el acto”. Es que este hombre, de 68 años, aún mantiene parte del estudio fotográfico que décadas atrás supo registrar los eventos sociales e incluso policiales de la localidad. En los estantes guarda las fotografías ordenadas en cajas por año, desde 1965 a la actualidad, ya que si bien se pasó al digital, aún sigue tomando imágenes con antiguas cámaras de rollo. Las cajas se amontonan en los estantes, pero las fotos están por todos lados: en las paredes, en montoncitos sobre el escritorio, y en grandes cartones en los que las va pegando para distintas exposiciones, como ser el aniversario de una escuela, del club o del grupo scout de San Benito. “Acá hay que venir con tiempo para mirar”, aclara mientras saca unas planillas escritas a mano y con birome, en donde tiene anotado lo que hay archivado en cada caja, con el número de rollo y asunto: cumpleaños de Topolino, los 15 años de Lolo, adornos centro de mesa en casa de fulano, escuela número tanto, campamento en la colonia… Un repertorio fotográfico de la vida cotidiana de la comunidad, que se fue armando con el tiempo y el trabajo.
“Empecé con el tema de la fotografía en el año 1965, cuando hicimos los primeros campamentos con los scouts. Veía cómo se sacaban las fotos y dije “¡esto parece fácil!” En ese tiempo salía en una revista una publicidad de la Escuela Sudamericana, que te daba cursos por correspondencia. Me anoté. Al poco tiempo me llega un curso teórico para blanco y negro, y poco después las prácticas, las placas para hacer las primeras pruebas en contacto directo con el sol. Aprendí por carta, a distancia”, rememora Ubaldo sus inicios.
Un amigo, también fotógrafo que hacía sociales, le enseñó otra parte de la profesión y le prestó su laboratorio hasta que, al poco tiempo, se pudo armar su propio estudio. “Íbamos en lancha a Santa Fe a comprar el material: líquidos, cubetas, pinzas, papel, y ampliadora”. A la vez que se iniciaba en el oficio, Ubaldo jugaba al fútbol en la primera del Club San Benito y trabajaba de albañil junto a su padre. “Abandoné la escuela y mi viejo me dio la pala para que haga el trabajo más duro. Esta casa la construimos sábados y domingos, yo preparaba la mezcla, mi hermana le alcanzaba los baldes a mi viejo, y yo me iba a jugar al fútbol. A la vez teníamos el reparto de gas, hacíamos todo junto. A veces me tocaba trabajar afuera, en el campo, y si llovía alguien me prestaba un caballo para venir hasta el club para no faltar a los partidos”.
La albañilería y la fotografía resultaron incompatibles, y para fines de los años sesenta optó por la segunda: “El problema era la mano de albañil que yo tenía por la pórtland y el ladrillo, para revelar me tenía que cuidar mucho de no mandar dedo para no rayar los negativos, así que dejé eso y me dediqué a la foto”.
Alternaba el trabajo con el deporte (sus últimos años en el balompié fueron como arquero en Don Bosco) y los campamentos scouts. “A veces me hacía dos casamientos por sábado: en la Aldea Brasilera, porque los rusos hacían la ceremonia con sol tipo 5 de la tarde, sacaba ahí y me venía hasta San Benito y hacía lo mismo acá; después volvía a la fiesta de la Aldea un rato a terminar las tomas en la fiesta. En ese entonces andaba en motoneta de un lado para el otro”.
Durante un par de años estuvo en sociedad con un farmacéutico que puso laboratorio en Paraná, pero se volvió a San Benito porque se trabajaba mejor. “Sacaba una foto de casamiento y te pedían 400 copias. Hasta el peón te pedía un retrato de los novios”, dice Ubaldo. Su sistema de repartos era infalible: el lechero se llevaba el toco de copias a las casas, y al otro día a las 5 de la mañana, cuando pasaba con su distribución láctea, le tiraba el dinero por debajo de la puerta.
Desde mediados de los setenta hasta principios de los noventa Pellarini fue empleado civil de la Base Aérea, por eso gran parte de sus imágenes corresponden a tomas desde los aviones. En ese tiempo hizo a un lado la fotografía social del pueblo, aunque sin desatenderla del todo. Cuando dejó la base, el trabajo de eventos sociales había cambiado demasiado, y la tecnología también. Reconoce que no entiende mucho de computadoras, aunque tiene una impresora para fotos digitales de hasta 10×15 para las fotos carnet. Un sobrino suyo es quien le baja ahora los archivos a cds, que guarda junto a los negativos de películas. Gran parte de su equipamiento, incluyendo un laboratorio para revelado en blanco y negro, se lo cedió a un ahijado que sigue sus pasos. Pero la fotografía se niega a abandonarlo: hoy en día es común que los vecinos lleguen hasta lo de Pellarini a pedir copias viejas, más ahora que expuso gran parte de su archivo en escuelas y en la municipalidad. La gente de San Benito se reconoce en las imágenes, y se le acercan para conseguir reproducciones. Y Ubaldo no solo conserva su colección, sino que la va acrecentando con otras donaciones. Por eso hay algunas de antes de su nacimiento, como una toma del desolado paisaje de San Benito en 1937. “Estoy peleando por un museo hace muchos años. El intendente me prometió un terreno, pero lo que no quiero es que sea un museo municipal, para que no dependa de los vaivenes políticos. Quiero que sea del pueblo, por eso estoy organizando un estatuto especial, con personería jurídica y todo, para que el Ejecutivo municipal tenga un integrante con voto pero no la mayoría en la comisión. Todos saben que ando en esto, así que me traen sus cosas”. El museo promete ser no sólo de imágenes, sino también de objetos. Por el momento, todo está bien guardado y ordenado en lo de Ubaldo Pellarini, fotógrafo de San Benito. (Fuente: El Diario)
Escenas de la vida social de San Benito
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Está empeñado en lograr un museo para poder exhibir fotos y objetos que reflejen la historia del pueblo. Ubaldo Pellarini repasa su vida en la que pasó por el oficio de albañil, el reparto de gas, la práctica de fútbol, el scoutismo, hasta que optó por la fotografía.
Pellarini se dedica a la fotografía desde hace más de 40 años.
Ubaldo Pellarini vive en la calle San Martín de San Benito. En el frente de su casa se lee el cartel de reparto de gas y también “Fotos Ubaldo. Foto carnet en el acto”. Es que este hombre, de 68 años, aún mantiene parte del estudio fotográfico que décadas atrás supo registrar los eventos sociales e incluso policiales de la localidad. En los estantes guarda las fotografías ordenadas en cajas por año, desde 1965 a la actualidad, ya que si bien se pasó al digital, aún sigue tomando imágenes con antiguas cámaras de rollo. Las cajas se amontonan en los estantes, pero las fotos están por todos lados: en las paredes, en montoncitos sobre el escritorio, y en grandes cartones en los que las va pegando para distintas exposiciones, como ser el aniversario de una escuela, del club o del grupo scout de San Benito. “Acá hay que venir con tiempo para mirar”, aclara mientras saca unas planillas escritas a mano y con birome, en donde tiene anotado lo que hay archivado en cada caja, con el número de rollo y asunto: cumpleaños de Topolino, los 15 años de Lolo, adornos centro de mesa en casa de fulano, escuela número tanto, campamento en la colonia… Un repertorio fotográfico de la vida cotidiana de la comunidad, que se fue armando con el tiempo y el trabajo.
“Empecé con el tema de la fotografía en el año 1965, cuando hicimos los primeros campamentos con los scouts. Veía cómo se sacaban las fotos y dije “¡esto parece fácil!” En ese tiempo salía en una revista una publicidad de la Escuela Sudamericana, que te daba cursos por correspondencia. Me anoté. Al poco tiempo me llega un curso teórico para blanco y negro, y poco después las prácticas, las placas para hacer las primeras pruebas en contacto directo con el sol. Aprendí por carta, a distancia”, rememora Ubaldo sus inicios.
Un amigo, también fotógrafo que hacía sociales, le enseñó otra parte de la profesión y le prestó su laboratorio hasta que, al poco tiempo, se pudo armar su propio estudio. “Íbamos en lancha a Santa Fe a comprar el material: líquidos, cubetas, pinzas, papel, y ampliadora”. A la vez que se iniciaba en el oficio, Ubaldo jugaba al fútbol en la primera del Club San Benito y trabajaba de albañil junto a su padre. “Abandoné la escuela y mi viejo me dio la pala para que haga el trabajo más duro. Esta casa la construimos sábados y domingos, yo preparaba la mezcla, mi hermana le alcanzaba los baldes a mi viejo, y yo me iba a jugar al fútbol. A la vez teníamos el reparto de gas, hacíamos todo junto. A veces me tocaba trabajar afuera, en el campo, y si llovía alguien me prestaba un caballo para venir hasta el club para no faltar a los partidos”.
La albañilería y la fotografía resultaron incompatibles, y para fines de los años sesenta optó por la segunda: “El problema era la mano de albañil que yo tenía por la pórtland y el ladrillo, para revelar me tenía que cuidar mucho de no mandar dedo para no rayar los negativos, así que dejé eso y me dediqué a la foto”.
Alternaba el trabajo con el deporte (sus últimos años en el balompié fueron como arquero en Don Bosco) y los campamentos scouts. “A veces me hacía dos casamientos por sábado: en la Aldea Brasilera, porque los rusos hacían la ceremonia con sol tipo 5 de la tarde, sacaba ahí y me venía hasta San Benito y hacía lo mismo acá; después volvía a la fiesta de la Aldea un rato a terminar las tomas en la fiesta. En ese entonces andaba en motoneta de un lado para el otro”.
Durante un par de años estuvo en sociedad con un farmacéutico que puso laboratorio en Paraná, pero se volvió a San Benito porque se trabajaba mejor. “Sacaba una foto de casamiento y te pedían 400 copias. Hasta el peón te pedía un retrato de los novios”, dice Ubaldo. Su sistema de repartos era infalible: el lechero se llevaba el toco de copias a las casas, y al otro día a las 5 de la mañana, cuando pasaba con su distribución láctea, le tiraba el dinero por debajo de la puerta.
Desde mediados de los setenta hasta principios de los noventa Pellarini fue empleado civil de la Base Aérea, por eso gran parte de sus imágenes corresponden a tomas desde los aviones. En ese tiempo hizo a un lado la fotografía social del pueblo, aunque sin desatenderla del todo. Cuando dejó la base, el trabajo de eventos sociales había cambiado demasiado, y la tecnología también. Reconoce que no entiende mucho de computadoras, aunque tiene una impresora para fotos digitales de hasta 10×15 para las fotos carnet. Un sobrino suyo es quien le baja ahora los archivos a cds, que guarda junto a los negativos de películas. Gran parte de su equipamiento, incluyendo un laboratorio para revelado en blanco y negro, se lo cedió a un ahijado que sigue sus pasos. Pero la fotografía se niega a abandonarlo: hoy en día es común que los vecinos lleguen hasta lo de Pellarini a pedir copias viejas, más ahora que expuso gran parte de su archivo en escuelas y en la municipalidad. La gente de San Benito se reconoce en las imágenes, y se le acercan para conseguir reproducciones. Y Ubaldo no solo conserva su colección, sino que la va acrecentando con otras donaciones. Por eso hay algunas de antes de su nacimiento, como una toma del desolado paisaje de San Benito en 1937. “Estoy peleando por un museo hace muchos años. El intendente me prometió un terreno, pero lo que no quiero es que sea un museo municipal, para que no dependa de los vaivenes políticos. Quiero que sea del pueblo, por eso estoy organizando un estatuto especial, con personería jurídica y todo, para que el Ejecutivo municipal tenga un integrante con voto pero no la mayoría en la comisión. Todos saben que ando en esto, así que me traen sus cosas”. El museo promete ser no sólo de imágenes, sino también de objetos. Por el momento, todo está bien guardado y ordenado en lo de Ubaldo Pellarini, fotógrafo de San Benito. (Fuente: El Diario)