Walter Franzotti construyó su propio avión en El Palenque

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Un piloto y metalúrgico relató el extenso proceso que atravesó para diseñar y construir una aeronave experimental, desde la adaptación de planos extranjeros hasta el primer vuelo, con controles oficiales y apoyo del aeroclub.

el palenque

Walter Franzotti, un empresario metalúrgico oriundo de El Palenque, en Paraná Campaña, tuvo un sueño y le puso alas: decidió construir su propio avión, desde cero y de manera artesanal.

Se trata de un desafío que logró concretar tras años de trabajo, estudio y perseverancia.

Contó que la idea comenzó a gestarse hace muchos años, cuando decidió elegir el modelo de aeronave que podía construir según sus posibilidades económicas y técnicas.

Según relató, el primer paso fue la selección del avión y la adquisición de los planos en Estados Unidos. “Estaban en pulgadas y en inglés, así que tuve que pasarlos a milímetros, traducirlos y rehacerlos completamente”, explicó. Ese trabajo inicial demandó cerca de seis meses y se realizaba, principalmente, por las noches.

Luego llegó la etapa más extensa: la construcción propiamente dicha del avión, que llevó casi cuatro años. El trabajo se desarrolló durante fines de semana, feriados y tiempos libres, combinando la pasión por la aviación con su experiencia en el rubro metalúrgico. “Siempre fui metalúrgico y eso ayudó mucho, porque sabía soldar y trabajar con estructuras”, señaló Franzotti, quien además es piloto privado.

En cuanto al motor, detalló que fue adquirido y sometido a un overhaul completo, es decir, una reconstrucción total con piezas nuevas, realizada por un mecánico aeronáutico habilitado. “Nada se hace de manera improvisada, todo está controlado”, aclaró.

El momento del primer vuelo no fue inmediato tras finalizar el armado. Antes, se realizaron múltiples pruebas en pista, conocidas como “carreteos” y “saltos de pulga”, para verificar el comportamiento de la aeronave. “Primero se vuela a muy baja altura, se ajusta todo y recién cuando sabés que el avión responde como debe, se vuela en serio”, explicó.

El primer aterrizaje fue, según contó, el instante de mayor emoción. “Mientras volás hay nervios, pero cuando aterrizás sentís una alegría enorme”, relató. Todo el proceso estuvo supervisado por la autoridad aeronáutica nacional, que inspeccionó la aeronave durante su construcción y habilitó su matriculación.

El avión tiene una autonomía aproximada de cuatro horas y media y se utiliza con fines recreativos. Su creador lo emplea para participar en encuentros de aviación experimental, viajar con amigos y familiares y asistir a eventos especializados. En uno de ellos, realizado en General Rodríguez, la aeronave fue distinguida como campeona experimental en 2023.

Desde el aeroclub Ciudad de Paraná, Diego Martínez, destacó que existe una amplia comunidad de constructores de aviación experimental en el país, que intercambian conocimientos y experiencias, impulsados por la misma pasión. Además, remarcó el rol de los aeroclubes como espacios de formación, recreación y desarrollo de futuras generaciones de pilotos.

La historia resume años de esfuerzo y vocación. “Desde chico dibujaba aviones en la escuela. Siempre me gustaron”, recordó el protagonista, quien aseguró que, pese a los costos de mantenimiento, no piensa desprenderse de su aeronave. “Cuando uno hace algo así, se encariña”, concluyó. (Fuente: Elonce)

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