Leido 12300 veces
*Por Tabaré Muñoz

Si no se atiende el problema ideológico, podremos colocar un policía cada diez metros y los delincuentes van a ganar la batalla.
La gente piensa que el sistema penal, la policía, los jueces, los fiscales y los defensores, están para protegerla previendo los delitos, y cuando se producen, castigándolos y haciendo valer las garantías de los imputados para que rija el estado de derecho y si se condena se lo haga con fundamento, y no para destruir el poder punitivo del Estado.
El aparato político oficialista se ha empeñado en repetir en sus faraónicas campañas electorales que aportaran nuevos policías, juzgados, recursos, cámaras, códigos procesales, etc. Gran parte de la sociedad les ha creído, y les ha dado su voto de confianza, pero cuando sucede un hecho cercano de inseguridad, y la policía actúa, la gente queda confundida al comprobar que el único perjudicado, además de la victima, es el policía que intervino para reprimir el delito o aprender al delincuente.
Porque sucede esto?
Sencillamente porque el problema de la seguridad es ideológico y radica precisamente en la doctrina que se enseña en las universidades y en la cual se forman casi todos los abogados que intervienen como jueces, fiscales o defensores, cuyo seguimiento se exige para rendir y acceder a los cargos, que tiene atados a los hombres de la justicia y que destila una especie de odio contra el sentido común del ciudadano.
Esa doctrina es el Garantiabolicianista que predomina en el ambiente jurídico. Aquí debemos señalar una cosa, oponerse al “garantiabolicionismo” no es oponerse a las verdaderas garantías, que en un tema tan serio, ya deberían estar fuera de discusión para poder avanzar en una solución efectiva.
Para entender lo perjudicial de esta doctrina es necesario señalar el pensamiento del hombre más influyente políticamente en el derecho penal argentino, el Dr. Zaffaroni.
En el libro *En busca de las penas perdidas *sostiene que “*el ejercicio del poder de los sistemas penales resulta incompatible con la ideología de los derechos humanos”.* (Ediar, Bs. As, 1989, p. 152), en otras palabras y para que se entienda, que haya cárceles va contra la justicia y castigar es arbitrariamente injusto. Esto se confirma en sus obras posteriores, donde sigue insistiendo en que “*no hay ningún fin legítimo que justifique la aplicación de las penas”*. Véase *Derecho Penal*, Ediar Bs. As, junio de 2002, pp. 56/65 y *Manual de Derecho Penal, *Ediar Bs As agosto de 2005, pp. 37/48.
Entonces, a buen entendedor pocas palabras, como para el Dr. Zaffaroni el sistema penal es incompatible con la justicia, lo que se esta haciendo es abolirlo, destruirlo. Según Zaffaroni, la manera de redefinir el derecho penal es cambiando el discurso para limitar, reducir, acotar y, eventualmente si se puede, para cancelar el Poder Punitivo del Estado.
Él sostiene en sus libros y conferencias a lo largo y ancho del país que, para lograr la destrucción, los *juristas progresistas* tienen que ocupar las magistraturas y las cátedras, actuando desde adentro del sistema para cancelar el poder punitivo.
Claro esta que cualquier marcha, movilización o justo reclamo de justicia al día siguiente de cada hecho aberrante, como los que vemos a diario, es totalmente inútil hasta tanto el Estado (oficialismo y oposición) implementen una política correcta para combatir la delincuencia, que hasta estos días es inexistente porque el gobierno, por una concepción ideológica, carece de estrategia, ata de manos a las fuerzas de seguridad y , además, fomenta una política contemplativa para el delincuente, tratando equivocadísimamente de reparar una supuesta injusticia a la que la sociedad somete a los victimarios, antes que preservar la seguridad del ciudadano común; y este, solamente nota que algo no anda bien cuando le asesinan un familiar cercano para robarle $5, pero no alcanza a comprender que quienes sostienen los resortes de la justicia están influidos por la doctrina
GARANTIABOLICIONISTA que sostiene que el sistema penal debe ser destruido y como un medio para esto excarcelan, decretan nulidades, inconstitucionalidades, sobreseen y absuelven a los delincuentes, que, como delinquir no les ha costado nada, vuelven a hacerlo.
Esto es lo que venimos viendo desde hace diez años, quizás mas, pero a la obra maestra del Dr. Zaffaroni aun le falta mostrar su ultimo capitulo y todo parece indicar que nadie quiere perderse el estreno. ¿Alguien puede explicar seriamente que hacen Ricardo Gil Lavedra (UCR) y Federico Pinedo (PRO) consensuando con Zaffaroni cual es la mejor manera para dejarnos indefensos, con las manos en la nuca y caminando de rodillas? Difícil tarea.
Cuando la película del Dr. Zaffaroni termine, podremos colocar un policía cada diez metros y los delincuentes van a ganar la batalla.
Mientras tanto, los Jóvenes de la agrupación PPR y todos los militantes que apoyamos la candidatura a presidente de Sergio Massa bajo la conducción de Jorge Busti, contemplamos con tristeza como gran parte de la dirigencia política se dispone a destruir lo poco de Justicia que queda en pie sobre la República Argentina.
Por todo esto, convocamos a todos los ciudadanos y militantes de todos los partidos a sumarse a la Campaña Nacional de Recolección de Firmas contra este nefasto proyecto, quienes podrán hacerlo vía Internet, acercándose a nuestra cede en calle Mendoza 297, esquina Laprida o en los puntos de recolección que montaremos en los espacios públicos.
Tarea que emprenderemos no solo por nuestros hijos, sino también por las futuras generaciones de argentinos.
*Juventud Frente Renovador.
El problema de la inseguridad es ideológico y el pueblo no lo sabe
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*Por Tabaré Muñoz
Si no se atiende el problema ideológico, podremos colocar un policía cada diez metros y los delincuentes van a ganar la batalla.
La gente piensa que el sistema penal, la policía, los jueces, los fiscales y los defensores, están para protegerla previendo los delitos, y cuando se producen, castigándolos y haciendo valer las garantías de los imputados para que rija el estado de derecho y si se condena se lo haga con fundamento, y no para destruir el poder punitivo del Estado.
El aparato político oficialista se ha empeñado en repetir en sus faraónicas campañas electorales que aportaran nuevos policías, juzgados, recursos, cámaras, códigos procesales, etc. Gran parte de la sociedad les ha creído, y les ha dado su voto de confianza, pero cuando sucede un hecho cercano de inseguridad, y la policía actúa, la gente queda confundida al comprobar que el único perjudicado, además de la victima, es el policía que intervino para reprimir el delito o aprender al delincuente.
Porque sucede esto?
Sencillamente porque el problema de la seguridad es ideológico y radica precisamente en la doctrina que se enseña en las universidades y en la cual se forman casi todos los abogados que intervienen como jueces, fiscales o defensores, cuyo seguimiento se exige para rendir y acceder a los cargos, que tiene atados a los hombres de la justicia y que destila una especie de odio contra el sentido común del ciudadano.
Esa doctrina es el Garantiabolicianista que predomina en el ambiente jurídico. Aquí debemos señalar una cosa, oponerse al “garantiabolicionismo” no es oponerse a las verdaderas garantías, que en un tema tan serio, ya deberían estar fuera de discusión para poder avanzar en una solución efectiva.
Para entender lo perjudicial de esta doctrina es necesario señalar el pensamiento del hombre más influyente políticamente en el derecho penal argentino, el Dr. Zaffaroni.
En el libro *En busca de las penas perdidas *sostiene que “*el ejercicio del poder de los sistemas penales resulta incompatible con la ideología de los derechos humanos”.* (Ediar, Bs. As, 1989, p. 152), en otras palabras y para que se entienda, que haya cárceles va contra la justicia y castigar es arbitrariamente injusto. Esto se confirma en sus obras posteriores, donde sigue insistiendo en que “*no hay ningún fin legítimo que justifique la aplicación de las penas”*. Véase *Derecho Penal*, Ediar Bs. As, junio de 2002, pp. 56/65 y *Manual de Derecho Penal, *Ediar Bs As agosto de 2005, pp. 37/48.
Entonces, a buen entendedor pocas palabras, como para el Dr. Zaffaroni el sistema penal es incompatible con la justicia, lo que se esta haciendo es abolirlo, destruirlo. Según Zaffaroni, la manera de redefinir el derecho penal es cambiando el discurso para limitar, reducir, acotar y, eventualmente si se puede, para cancelar el Poder Punitivo del Estado.
Él sostiene en sus libros y conferencias a lo largo y ancho del país que, para lograr la destrucción, los *juristas progresistas* tienen que ocupar las magistraturas y las cátedras, actuando desde adentro del sistema para cancelar el poder punitivo.
Claro esta que cualquier marcha, movilización o justo reclamo de justicia al día siguiente de cada hecho aberrante, como los que vemos a diario, es totalmente inútil hasta tanto el Estado (oficialismo y oposición) implementen una política correcta para combatir la delincuencia, que hasta estos días es inexistente porque el gobierno, por una concepción ideológica, carece de estrategia, ata de manos a las fuerzas de seguridad y , además, fomenta una política contemplativa para el delincuente, tratando equivocadísimamente de reparar una supuesta injusticia a la que la sociedad somete a los victimarios, antes que preservar la seguridad del ciudadano común; y este, solamente nota que algo no anda bien cuando le asesinan un familiar cercano para robarle $5, pero no alcanza a comprender que quienes sostienen los resortes de la justicia están influidos por la doctrina
GARANTIABOLICIONISTA que sostiene que el sistema penal debe ser destruido y como un medio para esto excarcelan, decretan nulidades, inconstitucionalidades, sobreseen y absuelven a los delincuentes, que, como delinquir no les ha costado nada, vuelven a hacerlo.
Esto es lo que venimos viendo desde hace diez años, quizás mas, pero a la obra maestra del Dr. Zaffaroni aun le falta mostrar su ultimo capitulo y todo parece indicar que nadie quiere perderse el estreno. ¿Alguien puede explicar seriamente que hacen Ricardo Gil Lavedra (UCR) y Federico Pinedo (PRO) consensuando con Zaffaroni cual es la mejor manera para dejarnos indefensos, con las manos en la nuca y caminando de rodillas? Difícil tarea.
Cuando la película del Dr. Zaffaroni termine, podremos colocar un policía cada diez metros y los delincuentes van a ganar la batalla.
Mientras tanto, los Jóvenes de la agrupación PPR y todos los militantes que apoyamos la candidatura a presidente de Sergio Massa bajo la conducción de Jorge Busti, contemplamos con tristeza como gran parte de la dirigencia política se dispone a destruir lo poco de Justicia que queda en pie sobre la República Argentina.
Por todo esto, convocamos a todos los ciudadanos y militantes de todos los partidos a sumarse a la Campaña Nacional de Recolección de Firmas contra este nefasto proyecto, quienes podrán hacerlo vía Internet, acercándose a nuestra cede en calle Mendoza 297, esquina Laprida o en los puntos de recolección que montaremos en los espacios públicos.
Tarea que emprenderemos no solo por nuestros hijos, sino también por las futuras generaciones de argentinos.
*Juventud Frente Renovador.