Un adiós al Turco

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* Por Daniel Enz – Nos encontrábamos en cada partido, en la cancha de Unión de Santa Fe. De hecho, nos unía la pasión y el sufrimiento por el tatengue y aprovechábamos los minutos previos o el entretiempo para conversar.

Jorge Obeid

Jorge Obeid

“Es dura esta lucha contra la enfermedad; duele y nunca se sabe cuándo o cómo va a terminar. Pero hay que dar siempre la lucha”, dijo, una de las últimas veces que nos encontramos. Iba siempre con su infaltable gorrita rojiblanca y siempre estaba predispuesto a conversar.

Tenía la humildad de los grandes. Había sido conductor de la JP Regional II en la época de plomo, tuvo que pasar a la clandestinidad después de una carta durísima contra la dictadura del general Alejandro Lanusse y en el ’75 se tuvo que exiliar al Perú. Igual sufrió la cárcel (estuvo un año detenido en Gualeguaychú) y el dolor de ser un militante comprometido y jugado en tiempos difíciles.

Dos veces gobernador, concejal, intendente, diputado nacional por segundo mandato. Logró lo que quiso en política y soñaba con recuperar la provincia para el peronismo. Pudo haber cometido errores políticos -como todo gobernante que toma decisiones-, pero podía caminar tranquilo por la calle. Porque era el mismo de siempre y tal situación la lucía orgulloso. Sabía y le dolía que muchos de sus compañeros de Santa Fe o Entre Ríos no pudieran hacer lo mismo. “El poder corrompe y hay que tener los pies sobre la tierra para asumirlo y enfrentarlo. Hay que saber que la gente siempre nos está mirando y solamente nos delega por un tiempo esa porción de poder, que un día se acaba”, me dijo una vez en la cancha, mientras se acomodaba su gorrita.

Obeid se apagó lentamente. Casi sin poder despedirse, desde ese viernes que tuvieron que internarlo. Muchos sabían que iba a ser difícil que pudiera salir de esta nueva jugada fuerte de la enfermedad. Se fue en silencio, sin pedir demasiado permiso y a paso firme, como siempre caminó.

* Periodista.